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lunes, 31 de mayo de 2010

Las medidas de ajuste, ni imprescindibles, ni equitativas, ni eficientes.

Frente a crisis del mercado, remedios del mercado, y a través de los actores en el mercado. El FMI, Bruselas y todos los banqueros alaban las medidas y el “coraje” para adoptar decisiones impopulares pero imprescindibles. Zapatero se doblega y quiere aplacar a la “bestia” de los especuladores sacrificando a la ciudadanía. ¡¡Se equivoca!!
Desde el momento en que se renuncia a regular y controlar los mercados financieros desde los Gobiernos y a frenar la especulación por ley se desencadena la espiral de la miseria: hay que pedir préstamos para pagar la deuda; reducir el déficit para pedir préstamos; recortar el gasto público para reducir el déficit; bajar los salarios, las prestaciones sociales y “reformar” las jubilaciones para reducir el gasto público. Otras tantas medidas que empobrecen los hogares, reducen las perspectivas de actividad económica productiva generadora de empleo y, consiguientemente, los futuros ingresos públicos que, a su vez, incitaran a las agencias de calificación a degradar los títulos de la deuda soberana provocando nuevas crisis bursátiles, con sus pánicos mediáticos y de nuevo la necesidad de otros ajustes y planes de austeridad. Nunca serán medidas eficientes.
El recorte de gastos sociales, y no otros, es una imposición de la UE y del FMI que nunca ayudan gratuitamente, pues tienen un empeño especial en la defensa del modelo económico neoliberal que han impuesto. Es la misma política seguida en América Latina durante la década de los noventa. El FMI y la UE quieren un Estado débil para poder imponer sus políticas, y los gobiernos han claudicado. ¿Cuánto han dejado de pagar los ricos y se ha dejado de ingresar en la Hacienda Pública por la bajada del tramo más alto del IRPF? ¿Por qué no se restablece el Impuesto sobre Patrimonio si se acepta que fue un error suprimirlo, un 0,2% del PIB? ¿Por qué no suprimir las SICAV que permiten a Emilio Botín del Banco Santander, Francisco González del BBVA, Amancio Ortega y Rosario Mera de INDITEX, las hermanas Koplowitz, la Duquesa de Alba, Florentino Pérez, etc. pagar el IRPF al 1%? ¿Por qué no se suprime el FROB, bajando el déficit un 0,9%, y suprimimos el riesgo de un incremento del déficit futuro de hasta el 10% (99.000 millones de euros) que tan sólo sirven para regalarles más dinero a la banca privada? ¿Por qué no establecer un impuesto en toda la zona euro a los especuladores con deudas soberanas como el de Brasil o sólo en España? ¿Por qué no eliminar la Declaración Conjunta en el IRPF? Son casi 2.000 millones de euros al año. La Declaración conjunta es una desgravación para las rentas medias y altas (y es creciente con el nivel de renta). Es un gasto antieconómico, antisocial, regresivo y discriminatorio para las mujeres (desincentiva su pertenencia a la economía regular). ¿Por qué no se revisan las pensiones de viudedad para eliminar su derecho para las personas viudas con un patrimonio superior al millón de euros o con otras rentas patrimoniales superiores a los 50.000€/año? No sólo se renuncia a regular y controlar los mercados financieros y a frenar la especulación, sino también a implantar sistemas o modelos fiscales nacionales justos, progresivos, del estilo de los países del norte de Europa. Estos modelos al aumentar los ingresos nacionales contribuyen a que dependamos menos de la deuda pública internacional y refuerzan la soberanía y la democracia del país. No son medidas imprescindibles las adoptadas, son posibles otras. No pagamos todos, no son medidas equitativas.
En el verano de 2007 los hogares estadounidenses se vieron incapaces de devolver los préstamos inmobiliarios concedidos sin ninguna garantía por los bancos ávidos de dinero; burbuja especulativa promovida desde la propia Reserva Federal dirigida por Alan Greenspan. En septiembre de 2008 la crisis de las subprimes degeneró en una crisis bancaria. Lehman Brothers se hundió. Los bancos dejaron de conceder préstamos y la economía cayó al borde de la asfixia. En vez de nacionalizar el sector financiero en bancarrota, los gobiernos aceptaron reflotarlo dejándolo con la misma desregulación, sin condiciones de ningún tipo. Los Estados se endeudaron fuera de toda lógica para salvar a los bancos privados y reactivar la economía. Pero tras veinte años de neoliberalismo y descenso continuado de la fiscalidad directa, los ingresos públicos se desplomaron. La deuda pública se dispara y, con ella, aparece la crisis social. En los países occidentales se dispara el desempleo, y con él la deslegitimación de los gobiernos democráticos y la desafección de la ciudadanía con sus gobernantes.
La afluencia de dinero público y el retorno a la especulación en las Bolsas da nuevos bríos a los bancos privados. Estimulados por los tipos de interés casi nulos, bancos y fondos de inversión reanudan su actividad especuladora. Durante la tormenta bursátil muchos trasladaron sus activos del mercado de acciones hacia el de las deudas públicas provocando una nueva burbuja financiera que sólo proporciona una pequeña tasa de interés. Hay que hacerla crecer, y comienzan los ataques especulativos a las deudas soberanas de los países periféricos de Europa con el pretexto del maquillaje del déficit griego efectuado con la ayuda del banco de negocios Goldman Sachs. La factura enviada por los bancos para pagar el precio de su propia incompetencia cae sobre su destinatario final, la ciudadanía trabajadora y pensionista, los gastos sociales del Estado. Las medidas aprobadas no atacan la raíz del problema, y no solucionaran nada.
Las discusiones para aprobar el Fondo de los/as ministros europeos para defender al euro y la necesaria intervención del FMI y de Obama reflejan la desunión europea y la pérdida de soberanía dentro de la zona euro. Estamos ante un verdadero ataque a la democracia y a la soberanía de los pueblos.
Consecuencia del miedo y la resignación frente a las imposiciones de los especuladores, la reacción de los Estados, de la UE y del FMI se caracteriza por limitarse a imponer la coacción de los mercados mientras juran que resistirán a estos. Esta política dominada por el miedo y la claudicación a la dictadura de la minoría que se denomina a sí misma como “los mercados financieros” incita a los países miembros a desmarcarse unos de otros con la esperanza de salvarse de las apuestas a la baja de los especuladores. Una vez colocados los diferentes Estados europeos en situación de competencia entre sí, se trata de quién exhibirá el plan de austeridad más drástico. En Lisboa, Atenas, Dublín, Madrid, Berlín, París, etc. se llama a “apaciguar los mercados” Nadie se acuerda que hace un año los dirigentes del G20 prometieron a la ciudadanía del mundo domarlos.
España cree necesario que la ciudadanía sea la que se movilice y se rebele por la defensa de la democracia, porque de eso se trata, y se manifieste en contra de la “dictadura del mercado” y de los que son sus dirigentes: esta UE construida de espalda a la ciudadanía europea, el FMI y las entidades financieras. Se impone pues que la ciudadanía española, y toda la europea sea la que se levante para exigir a sus gobernantes que adopten otro tipo de medidas en defensa de la soberanía, la dignidad y la democracia de los pueblos

miércoles, 5 de mayo de 2010

¿Nos echan del Euro?

Hace unas semanas ha saltado una perspectiva inquietante. Los mercados financieros están dispuestos a provocar la salida del Euro de Grecia –primero- y de España después, y con ella, la misma caída del Euro, pues caerían, a continuación, como piezas de dominó, Portugal, Irlanda, Italia y los países del Este. Tras esas maniobras hay dos intereses coincidentes, el de los mercados especulativos y el de las élites y gobiernos de EEUU y Reino Unido, que ante la extrema debilidad de sus monedas han emitido ingentes sumas para salvar los bancos quebrados-.
Con la quiebra del Euro, un competidor molesto, harían fluir el dinero global hacia sus economías, cubriendo, así, su déficit. Déficit y deuda pública serían causa de la posición de los mercados. Pero España tenía superávit y su deuda pública está por debajo de la media. El 2009 cerró, sí, con un déficit del 11,4%, frente al 3,3 de Alemania, pero 12,5 del Reino Unido…
El problema real, para España, es la deuda privada, que ha generado el déficit exterior, consecuencia de la burbuja inmobiliaria y de las facilidades de crédito. Esa montaña de deudas es producto de una política que primaba los privilegios de la especulación por sobre el derecho a la vivienda. La falsa impresión de riqueza, derivada del precio de la vivienda, fue causa del “crecimiento” y superávit fiscal, que, a la hora de la verdad, sirven de bien poco. Estas circunstancias, de las que nos cansamos de avisar, pasan ahora factura.
La salida del Euro no es opción, pues habría que pagar deudas en euros con una moneda devaluada, y dejar de pagar tampoco, salvo que la cosa se ponga muy mal, pues es necesario contar con la comunidad internacional, empezando porque no se puede prescindir de la importación de muchas cosas. ¿Recordamos ahora a Rato y Solbes y sus “círculos virtuosos”?, ¿a Zapatero y su “champions league”?, ¿a Aznar y sus bravatas impartiendo lecciones de economía?… ¡en Alemania!, que nos estaba ayudando a través de la CEE. Por supuesto, Alemania tenía obligaciones, por sus ventajas en un mercado abierto, pero ¡qué esperpento! “En fin estos han sido nuestros representantes que, junto a una patronal y a una élite plutocrática lamentables”, nos han abocado a la actual situación de paro y sufrimiento para la ciudadanía.
Aquí y en todas partes, las élites plutocráticas (financieros, en primer lugar, máximos ejecutivos de los oligopolios y ricos) y su estrecha colaboración con los políticos que financian y encumbran han delineado las políticas económicas. El dinero derrochado antes de la crisis y el destinado a rescatar las finanzas ha ido a sus bolsillos, este a costa de la deuda pública que pagaremos entre todos. ¿Qué políticas convienen a corto plazo? Naturalmente, las que solucionen los problemas actuales, y pongan las bases para solucionar los futuros, o, al menos conocidamente, no generen nuevos problemas o agraven los existentes. A nivel internacional, hay que revertir las actuales políticas suicidas, que fomentan “mercados” especulativos, con mecanismos enormemente rentables y riesgos tremendos.
Los sectores más rentables, ya se sabe, crecen a costa de los demás. Se debe, pues, introducir un impuesto sobre transacciones financieras (Tasa Tobin), suprimir los paraísos fiscales y la especulación, lo que generaría grandes recursos a disposición de la ciudadanía global, y crear espacios globales donde esta pueda, a través de una democracia real, controlar y distribuir esta riqueza. Hay que acabar con las deslocalizaciones y la carrera hacia el abismo mediante la competencia entre instituciones de ordenamientos jurídicos distintos.
Estas son las políticas que gustan a las élites pues desplazan la renta y la riqueza a su favor y empobrecen a la gran mayoría. Se precisa, pues, un comercio y una gobernabilidad globales que garanticen respeto al medio ambiente y a los derechos de los trabajadores, limiten las diferencias de renta y reduzcan la pobreza, lo que asegura una demanda internacional fiable.
En el ámbito interno obviamente hay que sustituir la demanda privada, desfallecida, por demanda pública. Naturalmente los ingresos deben proceder de impuestos directos y progresivos, con efecto redistribuidor. Hay que atender a la crisis ecológica, y producir en proximidad, e introducir un cambio en la red de distribución, especialmente de productos agrarios, sustituyendo los oligopolios transnacionales por cooperativas que asocien productores y consumidores, fomentar la soberanía alimentaria y la producción ecológica. Y, por supuesto, repartir el trabajo y reducir el consumo excesivo. Debe promoverse el control ciudadano del sector financiero, e invertir en transporte, sanidad y educación públicos.
En cuanto a nuevos sectores, la clave son las “industrias” culturales, en formatos tradicionales y en contenidos para las tecnologías de información y comunicación, que, suponen, además, “desmaterializar” la producción. A largo plazo, no queda otra que sustituir un régimen, basado en el poder del dinero y la feudalidad de los oligopolios globales, que provoca desastres y sufrimientos.
Naturalmente las bases de un nuevo régimen son la gobernabilidad global a través de la democracia participativa, donde la representación sea por tiempo y tarea determinados y los representantes, una vez acabada, vuelvan a su trabajo habitual, así se asegura la transparencia y el principio de libre experimentación que permita a los pueblos y ciudadanos buscar modos de organización acordes con la armonía natural y el buen vivir