Las medidas más efectivas son subir impuestos a los más ricos y recortar fraude.
¿Por qué sólo atacar el presupuesto por la vía del recorte de gastos y no presentar ni una sola propuesta para aumentar los ingresos? Este es el principal reproche que los economistas hacen al plan de ajuste presentado el pasado miércoles por el Gobierno. Este planteamiento es muy cortoplacista y su principal consecuencia es que genera un empobrecimiento de la población española.
En defensa del plan oficial conviene resaltar que todas las propuestas sugeridas por los expertos, implican una demora en sus efectos sobre el presupuesto público. Es decir, aunque su aplicación fuera inmediata, sus repercusiones en las finanzas públicas tardarían en notarse varios años, por lo que no ayudarían a conseguir el objetivo de reducir el déficit público en el plazo que exige la Unión Europea a España.
Pero que el efecto no sea inmediato no significa que no deban abordarse medidas unánimemente reclamadas como recuperar el Impuesto de Patrimonio. Desde que en 2008 se eliminó ese gravamen, que estaba transferido a las comunidades autónomas, el Estado les transfiere, es decir gasta, 2.000 millones al año como compensación.
El Impuesto sobre la Renta también ofrece otras posibilidades para ampliar ingresos públicos. Josep González Calvet, profesor de economía de la Universidad de Barcelona, ha calculado que el tipo efectivo que pagan las rentas medias en el IRPF, una vez descontadas todas las deducciones y reducciones está en torno al 13%. "Esto supone una recaudación del 0,4% del PIB español. Si se incrementara un punto porcentual, hasta el 14% este gravamen, se podría conseguir cerca de un 0,6% del PIB", calcula González. Es decir, con ese retoque el Estado ingresaría unos 2.000 millones de euros más en cada ejercicio fiscal. Si las rentas más altas pasaran de pagar el 43% actual al 50%, la recaudación aumentaría en 1.350 millones de euros.
Evitar la diferenciación entre rentas del capital y rentas del trabajo es otra de las medidas. El primer paso en esa línea de actuación sería modificar la tributación de las SICAV, los vehículos de inversión de las grandes fortunas gravados al 1%. Si se incrementa hasta el 5% la fiscalidad sobre las SICAV, la recaudación adicional sería de 1.350 millones de euros. Para evitar que estos capitales se desplacen a otros países, también hay que impulsar una reforma tributaria conjunta, al menos a nivel europeo, que elimine esa competencia fiscal que justifica este tipo de excepciones. En la misma línea de colaboración internacional, se debe trabajar para impulsar una nueva legislación financiera que, entre otras cosas, minimice los ataques especulativos.
Las grandes empresas también son otra fuente de incremento de ingresos. Los cálculos de la formación política ICV apuntan que si las 14 empresas españolas que facturan más de 1.000 millones pagaran un 35% por su beneficios, en lugar del 30% actual, el Estado recaudaría 2.500 millones de euros más.
El fraude fiscal es el otro frente que todos los consultados claman que hay que atacar. Actualmente ronda el 4% del PIB. Reducirlo un 2% con medidas activas más medios dedicados a inspección, es factible y necesario. Eso permitiría ingresar unos 2.000 millones más al Estado.
Retirando las tropas de Afganistán, Líbano y Somalia (750 millones de ahorro) y eliminando la inversión en I+D de la industria militar prevista para 2010 (950 millones) se lograría el mismo efecto sobre los presupuestos públicos que congelando las pensiones. Si se recortan además los 1.400 millones previstos para inversión en armamento este año, tampoco sería necesario modificar el cómputo de las pensiones (ahorro de 500 millones) ni eliminar la retroactividad de las prestaciones para los dependientes (670 millones).
El gasto pendiente del avión de combate Eurofighter (preveía 10.795 millones hasta 2024) y lo pendiente de los 1.353 millones para 24 helicópteros de combate Tigre.
La eliminación de las exenciones que se aplican a los premios de loterías, apuestas y sorteos, que permitiría un ingreso a las arcas públicas de 1.165 millones, suficientes para ahorrarse la mitad del tijeretazo al sueldo de los funcionarios este año (2.250 millones).
Supresión de cargos de libre designación, asesores que los políticos designan a dedo. En la Administración española (autonomías incluidas) hay unos 25.000 puestos de este tipo, de los que podrían suprimirse 20.000 "sin impacto laboral". Como el sueldo medio ronda los 4.000 euros al mes, supondría un ahorro de 1.120 millones al año.
Eliminación de la casilla de asignación tributaria a la Iglesia católica de la declaración del IRPF, una anomalía del impuesto, ya que permite a un único colectivo la posibilidad de elegir el destino de parte de la recaudación. Con su supresión se incrementarían en 250 millones los ingresos de libre asignación. Si además se suprimiesen los sueldos para los profesores que imparten religión en centros escolares públicos (650 millones al año), ajustándose a las directrices de un Estado laico, se podrían mantener los 600 millones de la ayuda al desarrollo.
El Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (Frob) recibió, con cargo a los Presupuestos Generales de 2009, una partida de 6.750 millones. Acudir al Frob no es gratis, de hecho tiene un alto precio para las entidades (un 7,75% mínimo a devolver en cinco años), pero los expertos no consideran que las arcas públicas estén para soportar esa inversión ni las emisiones de deuda posteriores hasta llegar a una dotación prevista de 90.000 millones.
La cantidad ya dotada o parte podría recuperarse ahora que aún no ha sido utilizada (aunque algunas cajas en proceso de fusión ya han pedido parte) en lugar de mandar el eterno mensaje al sector financiero de que sus ganancias son privadas y sus pérdidas, socializadas.
Otra de las partidas más cuestionadas son los 6.045 millones que pretenden recortarse de la inversión pública entre 2010 y 2011. Con la economía saliendo a pedales de la recesión, todos los recortes del gasto público, que equivalen a restar dinero al Producto Interior Bruto (PIB), suponen jugársela a sufrir recaídas. Los más graves son los que afectan al empleo, como la inversión. Otra política es posible.
Para todos/as los españoles que tengan trabajo, estudiantes, estén desempleados, sean pensionistas o similares y que se sientan desilusionados con un sistema político que no les tiene en cuenta para nada y que cada día es menos solidario con los más desfavorecidos.
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domingo, 23 de enero de 2011
miércoles, 12 de enero de 2011
La democracia y la libertad en peligro
Muchos critican algunas medidas que reclama Mariano Rajoy para reducir el gasto público, como reducir la subvención a los sindicatos, los gastos electorales o ministerios, porque son "el chocolate del loro". Pero son mucho más que eso...No las propone porque crea que de esa manera se va a reducir sustancialmente el déficit. Lo hace como parte de una estrategia bien calculada de debilitar la acción pública y todo aquello que refuerza la capacidad de respuesta y defensa de los trabajadores y de la ciudadanía en general.
Por eso centran también la reforma laboral en el debilitamiento de la negociación colectiva. Ni siquiera buscan más beneficios, que podrían obtenerlos con más actividad y con mayor empleo, sino más poder. Por eso lo que verdaderamente está en juego con la respuesta que los especuladores están logrando imponer a la crisis que ellos mismos han provocado es la democracia y la posibilidad de que los poderes representativos se enfrenten con garantías a los del mercado.
Los grandes financieros y los poderes económicos han conseguido vencer a los gobiernos y están logrando que éstos no solo no adopten ni una sola de las medidas reformadoras que habían previsto sino que, además, lleven a cabo programas de ajuste que, si no se frenan, van a suponer una nueva derrota histórica de las clases trabajadoras.
El procedimiento ha sido sibilino, casi diabólico. Los gobiernos tuvieron que dedicar billones de euros a salvar a los bancos para evitar que su quiebra hiciera saltar por los aires el sistema financiero internacional y a programas de apoyo a la actividad para que las economías no colapsaran. El resultado inevitable fue, o un incremento ingente de la creación de dinero en Estados Unidos y Reino Unido, o de la deuda pública.
Pero años atrás los bancos privados lograron establecer el criterio de que los bancos centrales no pueden financiar a los gobiernos. Era la manera de garantizarse para ellos el gran negocio de la deuda pública cuando se produjera y al mismo lograr que ésta fuera sustituida paulatinamente por la privada, mucho menos controlada y más rentable para la banca. Así, cuando los gobiernos han incurrido en déficit para hacer frente a la crisis que los bancos provocaron resultaba que eran esos mismos bancos quienes podían financiarlos para que dispusieran de recursos suficientes.
Se ha generado un negocio redondo en lo financiero y en lo político. Por un lado, los bancos privados han estado recibiendo dinero barato, al 1% más o menos, de los bancos centrales con el objetivo de que pudieran volver a financiar enseguida a las empresas y familias. Pero en lugar de ello, los bancos dedican ese dinero a suscribir la deuda de los gobiernos que se emite al 4 o 5% o a seguir especulando.
Y no solo eso. Buscando siempre ganar mucho más, los bancos y los grandes fondos especulativos enseguida comenzaron a manifestar que algunos gobiernos (contra los que se disponían a tomar posiciones especulativas) no iban a poder pagar la deuda, o incluso a lanzar rumores sin fundamento simplemente para hacer creer que su situación era mucho peor que la real. Y así obligaban a que subiera el interés al que los gobiernos debían emitir la deuda, alcanzado a veces, como en el caso griego, incluso el 10%.
De esa forma los bancos están obteniendo beneficios multimillonarios, pero no solo eso. Puesto que ahora disponen de una situación de privilegio frente a los gobiernos, porque éstos deben recurrir necesariamente a ellos para obtener recursos, les pueden imponer condiciones políticas draconianas. Ese es el origen de los planes de ajuste que los gobiernos que han cedido a estos chantajes están aplicando y que van buscando, sobre todo, disminuir la capacidad de respuesta de los trabajadores.
Si de verdad se quisiera dinamizar la actividad económica y el empleo no se frenaría la demanda, ni se permitiría que el dinero de los bancos vaya a otro sitio que no sean las empresas y familias. Si verdaderamente se quisiera crear condiciones para cobrar la deuda en el futuro no se debilitaría la capacidad potencial de crecimiento de las economías.
De hecho, si no fuera porque en realidad es dramático se podría calificar de cómico el modo de actuar de las agencias de rating que se usan para llevar a cabo esta extorsión a los gobiernos. Primero dicen que van a bajar la calificación si éstos no aplican el ajuste porque entonces "los mercados" no confiarán en su deuda pública y deberán emitirla más cara. Pero cuando aplican el ajuste, las mismas agencias, como ha pasado en España con Fitch, rebajan la calificación porque dicen que se reduje la expectativa de crecimiento.... ¡como
consecuencia de la aplicación del ajuste!
Lo que hay detrás de todo ello está bastante claro por mucho que quieran disimularlo. Los bancos y los grandes especuladores no quieren que se cambie ni una coma de las condiciones de plena libertad en las que actúan en los mercados internacionales. Lo de imponer algún impuesto en algún lugar concreto es lo de menos. Lo importante es la libertad de movimientos y eso es lo que quieren mantener.
Pero saben perfectamente que en esas condiciones las crisis se van a hacer cada vez más reiteradas y fuertes y por eso tratan de evitar que haya vías de respuesta social. Lo que les podría incomodar en el futuro es que haya poderes representativos a través de los que la ciudadanía pudiera hacer frente y responder a lo que está por venir y que no es otra cosa que un continuo desorden financiero y una pérdida de estabilidad y de bienestar.
No nos engañemos. No hay razones de fondo, ni científicas ni siquiera para aumentar los beneficios empresariales que justifiquen la reducción del gasto público (que en su gran mayoría y directa o indirectamente termina yendo a las cuentas de las empresas), la reforma laboral que se prepara, la privatización de servicios o de las pensiones. Solo se busca privilegiar la capacidad de acción de las grandes empresas y de los financieros. Buscan ganar más, como siempre, pero ahora necesitan hacerlo sin trabas políticas porque para incrementar sus beneficios van a tener que hacer cada vez más barbaridades y destrozar de modo más evidente la economía, el medio ambiente y la justicia social.
Lo que está en juego, pues, no es solo una cuestión salarial, ni un tijeretazo más o menos grandes a los gastos de Estado. Lo que peligra es la democracia y la libertad.
Por eso centran también la reforma laboral en el debilitamiento de la negociación colectiva. Ni siquiera buscan más beneficios, que podrían obtenerlos con más actividad y con mayor empleo, sino más poder. Por eso lo que verdaderamente está en juego con la respuesta que los especuladores están logrando imponer a la crisis que ellos mismos han provocado es la democracia y la posibilidad de que los poderes representativos se enfrenten con garantías a los del mercado.
Los grandes financieros y los poderes económicos han conseguido vencer a los gobiernos y están logrando que éstos no solo no adopten ni una sola de las medidas reformadoras que habían previsto sino que, además, lleven a cabo programas de ajuste que, si no se frenan, van a suponer una nueva derrota histórica de las clases trabajadoras.
El procedimiento ha sido sibilino, casi diabólico. Los gobiernos tuvieron que dedicar billones de euros a salvar a los bancos para evitar que su quiebra hiciera saltar por los aires el sistema financiero internacional y a programas de apoyo a la actividad para que las economías no colapsaran. El resultado inevitable fue, o un incremento ingente de la creación de dinero en Estados Unidos y Reino Unido, o de la deuda pública.
Pero años atrás los bancos privados lograron establecer el criterio de que los bancos centrales no pueden financiar a los gobiernos. Era la manera de garantizarse para ellos el gran negocio de la deuda pública cuando se produjera y al mismo lograr que ésta fuera sustituida paulatinamente por la privada, mucho menos controlada y más rentable para la banca. Así, cuando los gobiernos han incurrido en déficit para hacer frente a la crisis que los bancos provocaron resultaba que eran esos mismos bancos quienes podían financiarlos para que dispusieran de recursos suficientes.
Se ha generado un negocio redondo en lo financiero y en lo político. Por un lado, los bancos privados han estado recibiendo dinero barato, al 1% más o menos, de los bancos centrales con el objetivo de que pudieran volver a financiar enseguida a las empresas y familias. Pero en lugar de ello, los bancos dedican ese dinero a suscribir la deuda de los gobiernos que se emite al 4 o 5% o a seguir especulando.
Y no solo eso. Buscando siempre ganar mucho más, los bancos y los grandes fondos especulativos enseguida comenzaron a manifestar que algunos gobiernos (contra los que se disponían a tomar posiciones especulativas) no iban a poder pagar la deuda, o incluso a lanzar rumores sin fundamento simplemente para hacer creer que su situación era mucho peor que la real. Y así obligaban a que subiera el interés al que los gobiernos debían emitir la deuda, alcanzado a veces, como en el caso griego, incluso el 10%.
De esa forma los bancos están obteniendo beneficios multimillonarios, pero no solo eso. Puesto que ahora disponen de una situación de privilegio frente a los gobiernos, porque éstos deben recurrir necesariamente a ellos para obtener recursos, les pueden imponer condiciones políticas draconianas. Ese es el origen de los planes de ajuste que los gobiernos que han cedido a estos chantajes están aplicando y que van buscando, sobre todo, disminuir la capacidad de respuesta de los trabajadores.
Si de verdad se quisiera dinamizar la actividad económica y el empleo no se frenaría la demanda, ni se permitiría que el dinero de los bancos vaya a otro sitio que no sean las empresas y familias. Si verdaderamente se quisiera crear condiciones para cobrar la deuda en el futuro no se debilitaría la capacidad potencial de crecimiento de las economías.
De hecho, si no fuera porque en realidad es dramático se podría calificar de cómico el modo de actuar de las agencias de rating que se usan para llevar a cabo esta extorsión a los gobiernos. Primero dicen que van a bajar la calificación si éstos no aplican el ajuste porque entonces "los mercados" no confiarán en su deuda pública y deberán emitirla más cara. Pero cuando aplican el ajuste, las mismas agencias, como ha pasado en España con Fitch, rebajan la calificación porque dicen que se reduje la expectativa de crecimiento.... ¡como
consecuencia de la aplicación del ajuste!
Lo que hay detrás de todo ello está bastante claro por mucho que quieran disimularlo. Los bancos y los grandes especuladores no quieren que se cambie ni una coma de las condiciones de plena libertad en las que actúan en los mercados internacionales. Lo de imponer algún impuesto en algún lugar concreto es lo de menos. Lo importante es la libertad de movimientos y eso es lo que quieren mantener.
Pero saben perfectamente que en esas condiciones las crisis se van a hacer cada vez más reiteradas y fuertes y por eso tratan de evitar que haya vías de respuesta social. Lo que les podría incomodar en el futuro es que haya poderes representativos a través de los que la ciudadanía pudiera hacer frente y responder a lo que está por venir y que no es otra cosa que un continuo desorden financiero y una pérdida de estabilidad y de bienestar.
No nos engañemos. No hay razones de fondo, ni científicas ni siquiera para aumentar los beneficios empresariales que justifiquen la reducción del gasto público (que en su gran mayoría y directa o indirectamente termina yendo a las cuentas de las empresas), la reforma laboral que se prepara, la privatización de servicios o de las pensiones. Solo se busca privilegiar la capacidad de acción de las grandes empresas y de los financieros. Buscan ganar más, como siempre, pero ahora necesitan hacerlo sin trabas políticas porque para incrementar sus beneficios van a tener que hacer cada vez más barbaridades y destrozar de modo más evidente la economía, el medio ambiente y la justicia social.
Lo que está en juego, pues, no es solo una cuestión salarial, ni un tijeretazo más o menos grandes a los gastos de Estado. Lo que peligra es la democracia y la libertad.
La caída de Europa
El declive y la caída de Europa bajo el capitalismo. El "Estado del Bienestar" europeo naufraga, ha colapsado y cada vez más se asimila al capitalismo "sin rostro humano" del imperialismo USA. Esta generación vivirá peor que sus padres. La izquierda para sobrevivir debe transmutarse en socialismo revolucionario. Luchar y gobernar no CON sino CONTRA el capitalismo. La ilusión de una eterna "pax" socialdemócrata, un edén de tranquilas reformas, la fantasía de una lucha de clases extinguida, suponían ellos y algunos, ha muerto. Europa, en un tremendo deja vu. Ha vuelto a inicios de los años 30 aunque la historia no se repite del mismo modo nunca. La Belle Epoque, los dorados años 20, esos quince años de crecimientos basados en deudas, especulación inmobiliaria y fabricar billetes han saltado por los aires. Dos generaciones, una por nacer están hipotecadas. "Milagros" económicos como Irlanda o España yacen por los suelos. Se produce un cambio brusco y repentino en la situación, y acompañándolo a distinto ritmo, en la conciencia. Regresan los ecos del mayo del 68 francés por todo el continente. Los estudiantes toman parlamentos, edificios públicos, cortan carreteras, los trabajadores paralizan países. El sectarismo, la división, de la izquierda transformadora van dejando paso a la unidad en la acción. Avanza la izquierda en las calles, retrocede en el parlamento. El epicentro de la política se traslada de las elecciones a la lucha de clases clásica en las calles. Se pasa, poco a poco de la defensiva, a la ofensiva. De la Huelga General en plano nacional a la Jornada Europea de Acción. La historia nunca se repite linealmente. Trae nuevas experiencias históricas. En la conciencia de millones de trabajadores y jóvenes la idea de la Huelga General Europea, enarbolada por una internacional, la V, que está por construirse se difunde de lo virtual a la calle, y viceversa. Los medios innovan, cambian, las ideas se extienden. El fantasma de Marx regresa para anticipar ahora lo que ya había anticipado en el siglo XIX y que ahora es posible llevarlo a la práctica: Proletarios de toda Europa y el mundo unidos en una huelga y movilizaciones internacionales. Solo esto ya es historia. De una trascendencia en desarrollo que apenas empezamos a captar en su histórica dimensión. El "reformismo" con contrarreformas se hunde, a su izquierda sin alternativa ni discurso revolucionario, la impotencia. Las masas más avanzadas de Europa con la mirada puesta en Venezuela, Bolivia, Ecuador....Y el resto atrapadas en el espejismo del capitalismo. Aquel que pregonaba en la última década que no era necesaria la revolución social sino el esfuerzo individual para progresar, cuando parecía el triunfo de las tesis socialdemócratas, como sucediera en tramos del siglo XX. El reino de la salida individual, de las horas extras trabajadas, de aceptar "recortes" en el empleo y el salario a cuenta de inventario futuro. "La crisis será corta" "Saldremos pronto, siempre ha tardado máximo dos o tres años". Pero pasa el tiempo y se profundiza. Todo el bienestar del pasado salta destrozado, contrarreforma tras contrarreforma. Y solo es el principio. Es una crisis de onda larga, que puede irse más allá de 10 años, con altibajos. Sombras de recuperaciones brevísimas, por inyecciones de recursos que se van consumiendo toda la grasa acumulada por el saqueo capitalista en décadas, y caídas y recaídas en tobogán de larga duración. Todo da un giro de 180 grados en un año, 2008, y se produce un shock postraumático inicial en amplias capas de las masas. Hay coraje, indignación y miedo, conviviendo todo a la vez. Capas salen a la lucha y otras capas se esconden en sus casas intentando la salida individual, ante la falta de alternativa revolucionaria de las direcciones de la izquierda, y en casos, atrapados entre hipotecas, deudas y el sobrevivir cada día, con el miedo de perder lo poco que tienen o no poder alcanzarlo jamás como generaciones precedentes. En ese vacío la reacción avanza explotando los prejuicios y miedos atávicos. Votos de trabajadores políticamente no los mas avanzados pasan a la derecha o a la extrema derecha. Este factor pesa más que la abstención en sí. Es el enfrentamiento descarnado clase contra clase. La polarización social crece. La negociación, la reforma, el entendimiento no sirven. Es la hora de la movilización creciente y extensa, de la unidad de acción, de la revolución. El anticapitalismo se extiende como mancha de aceite. Prende en la juventud, en las organizaciones estudiantiles y políticas más a la izquierda. Aún es tarea pendiente hablar más de socialismo revolucionario e implementar un programa marxista en las organizaciones tradicionales de la clase y el movimiento obrero. España, década de los 30: de la dicta blanda de Primo de Rivera, en los 20, a la proclamación de la República (1931), con la victoria electoral, luego las derechas agrupadas en la CEDA, contraatacan en el Bienio Negro, donde gobiernan, levantamientos fascistas de Sanjurjo (1932) y revolucionario en Octubre del 34 (Asturias y Alto Llobregat, en Catalunya) y 1936, levantamiento fascista y respuesta con la Revolución Española 1936 y derrota ante la alianza fascista europea (Hitler-Mussolini-Franco) en 1939. De nuevo, negras tormentas acechan Europa. Y el futuro para la clase se presenta uno, como ya empezamos a ver: luchar o luchar para evitar que Europa se convierta en una prisión explotadora de los trabajadores y en una cárcel de los pueblos. O la victoria sin tregua o la más tremenda de las derrotas. No hay de otra.
sábado, 1 de enero de 2011
Derecha española
Gran parte de las dificultades por las que atraviesa el mundo se debe a que los ignorantes están completamente seguros, y los inteligentes llenos de dudas.
La Guerra Civil Española no tuvo una única motivación, si no que en su realización se mezclaron una serie de características propias de la sociedad española, que lamentablemente todavía acompañan a la derecha más incivilizada de occidente.
Una sociedad en su mayoría agraria, con un nivel de educación de la clase trabajadora bajo o muy bajo, donde el analfabetismo era la característica más común; con trabajo sólo para una parte de la población y acompañados con unos salarios de miseria; sin ningún derecho más que el de criar muchos hijos, de los que fallecían un porcentaje muy alto de recién nacidos; con altos niveles de malnutrición por insuficiencia de consumo de proteínas de carne o pescado; con una estructura de la sociedad absolutamente provinciana, en la que las figuras señeras eran el cura, el boticario, el alcalde y el cabo de la guardia civil, cada uno de ellos con su misión de impedir cualquier tipo de reivindicación de los trabajadores; el cura, recomendando poner la otra mejilla cuando seas ofendido y delatando cuando algún penitente se acercaba a su confesionario para relatarle alguna desafección al régimen; el boticario, persona estudiada que cuidaba muy mucho de relacionarse como un igual con la plebe; el alcalde, generalmente el encargado del señorito, propietario de las fincas de labor en la que trabajaban los campesinos de sol a sol por un salario miserable y por último, el cabo de la guardia civil, encargado de reprimir con toda al energía posible, cualquier agresión a las propiedades de los caciques de la zona, aunque fuese el robo de una gallina para dar de comer a los numerosos hijos del ladrón. Junto a estos personajes existía una clase adinerada, con educación casi siempre religiosa, en la que predominaba la opinión de que sus bienes les correspondían por derecho divino y que los pobres lo eran por que se lo merecían. Que su situación era consecuencia clara de sus muchos méritos y que esas propiedades eran intocables y eternas. Una clase social, en síntesis, insolidaria, egoísta, trasnochada y corrupta. Características que aun conserva buena parte de nuestra sociedad.
Hace días, una profesora de instituto explicaba a sus alumnos de cuarto de ESO –veinticinco en total- que las últimas semanas del curso las dedicarían a hablar de las atrocidades del franquismo. No quería que terminaran la enseñanza obligatoria sin tener una idea clara de lo que fue la dictadura y el dictador. Cuando estaba haciendo una breve introducción de lo que fue aquel régimen, veinte estudiantes de entre 15 y 16 años se levantaron y se pusieron a cantar el “cara al sol”. La profesora esperó, sorprendida, a que callaran, pero no lo hicieron, después continuaron con el himno nacional-franquista. Al final tanto libelo fascistoide y la negativa del PP a condenar el genocidio han dado sus resultados: Chicos nacidos en 1995 se saben el cara al sol y defienden a Franco como a un héroe mítico, algo así como Matrix.
Empero, la evidencia es otra y todavía abundan historiadores profesionales y aficionados que siguen apreciando virtudes en el mayor genocida que ha sufrido España: Su influencia sobre niños y adolescentes puede tener consecuencias gravísimas que todos pagaremos algún día. En ningún país de Europa Occidental -el ultraderechista francés Le Pen, que basa su éxito en la maldita xenofobia, ha condenado varias veces el nazismo-, se permite ni la adulación ni la apología de los genocidas fascistas, a nadie se le ocurre hablar de unos y de otros, nadie escribe laudatorias sobre los tiranos: Se condenan con penas de cárcel o multas millonarias.
Sin duda alguna, esto cambiará. Algún día tendremos una derecha verdaderamente democrática que sienta el mismo desprecio hacia quien cubrió España de sangre durante cuarenta años que quienes tienen otra ideología. Algún día nadie –salvo cuatro cavernícolas, que los hay en todas partes- se escandalizará porque haya gente que quiera saber en qué cuneta o barranco yacen los restos de sus antepasados asesinados. Ese día se habrán cerrado todas las heridas.
La Guerra Civil Española no tuvo una única motivación, si no que en su realización se mezclaron una serie de características propias de la sociedad española, que lamentablemente todavía acompañan a la derecha más incivilizada de occidente.
Una sociedad en su mayoría agraria, con un nivel de educación de la clase trabajadora bajo o muy bajo, donde el analfabetismo era la característica más común; con trabajo sólo para una parte de la población y acompañados con unos salarios de miseria; sin ningún derecho más que el de criar muchos hijos, de los que fallecían un porcentaje muy alto de recién nacidos; con altos niveles de malnutrición por insuficiencia de consumo de proteínas de carne o pescado; con una estructura de la sociedad absolutamente provinciana, en la que las figuras señeras eran el cura, el boticario, el alcalde y el cabo de la guardia civil, cada uno de ellos con su misión de impedir cualquier tipo de reivindicación de los trabajadores; el cura, recomendando poner la otra mejilla cuando seas ofendido y delatando cuando algún penitente se acercaba a su confesionario para relatarle alguna desafección al régimen; el boticario, persona estudiada que cuidaba muy mucho de relacionarse como un igual con la plebe; el alcalde, generalmente el encargado del señorito, propietario de las fincas de labor en la que trabajaban los campesinos de sol a sol por un salario miserable y por último, el cabo de la guardia civil, encargado de reprimir con toda al energía posible, cualquier agresión a las propiedades de los caciques de la zona, aunque fuese el robo de una gallina para dar de comer a los numerosos hijos del ladrón. Junto a estos personajes existía una clase adinerada, con educación casi siempre religiosa, en la que predominaba la opinión de que sus bienes les correspondían por derecho divino y que los pobres lo eran por que se lo merecían. Que su situación era consecuencia clara de sus muchos méritos y que esas propiedades eran intocables y eternas. Una clase social, en síntesis, insolidaria, egoísta, trasnochada y corrupta. Características que aun conserva buena parte de nuestra sociedad.
Hace días, una profesora de instituto explicaba a sus alumnos de cuarto de ESO –veinticinco en total- que las últimas semanas del curso las dedicarían a hablar de las atrocidades del franquismo. No quería que terminaran la enseñanza obligatoria sin tener una idea clara de lo que fue la dictadura y el dictador. Cuando estaba haciendo una breve introducción de lo que fue aquel régimen, veinte estudiantes de entre 15 y 16 años se levantaron y se pusieron a cantar el “cara al sol”. La profesora esperó, sorprendida, a que callaran, pero no lo hicieron, después continuaron con el himno nacional-franquista. Al final tanto libelo fascistoide y la negativa del PP a condenar el genocidio han dado sus resultados: Chicos nacidos en 1995 se saben el cara al sol y defienden a Franco como a un héroe mítico, algo así como Matrix.
Empero, la evidencia es otra y todavía abundan historiadores profesionales y aficionados que siguen apreciando virtudes en el mayor genocida que ha sufrido España: Su influencia sobre niños y adolescentes puede tener consecuencias gravísimas que todos pagaremos algún día. En ningún país de Europa Occidental -el ultraderechista francés Le Pen, que basa su éxito en la maldita xenofobia, ha condenado varias veces el nazismo-, se permite ni la adulación ni la apología de los genocidas fascistas, a nadie se le ocurre hablar de unos y de otros, nadie escribe laudatorias sobre los tiranos: Se condenan con penas de cárcel o multas millonarias.
Sin duda alguna, esto cambiará. Algún día tendremos una derecha verdaderamente democrática que sienta el mismo desprecio hacia quien cubrió España de sangre durante cuarenta años que quienes tienen otra ideología. Algún día nadie –salvo cuatro cavernícolas, que los hay en todas partes- se escandalizará porque haya gente que quiera saber en qué cuneta o barranco yacen los restos de sus antepasados asesinados. Ese día se habrán cerrado todas las heridas.
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