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lunes, 28 de febrero de 2011

El coste de la derechización. No existe crisis ideológica

Una encuesta es una especie de foto fija, que sólo tiene validez para el instante en que se toma. La imagen, eso sí, describe unas tendencias que conviene tener en cuenta; sobre todo, cuando el escenario que dibuja el sondeo se repite de forma consistente. Pues bien, de acuerdo con los datos del Publiscopio, se pueden mencionar tres elementos llamativos del actual clima político. Primero, que el PP ha consolidado durante los últimos meses una ventaja de más de 13 puntos sobre el PSOE, que a la vista de la experiencia histórica no es necesariamente definitiva (la distancia llegó a ser mayor antes de las elecciones de 1993 y 1996), pero que desde luego abre una brecha que a los socialistas les será muy difícil cerrar. Segundo, que esa distancia es producto casi exclusivo de la pérdida de apoyos del PSOE y no de una fuga de votantes hacia el PP. Y, tercero, que la crisis no ha provocado un cambio ideológico en el electorado, que sigue declarándose mayoritariamente de izquierdas.
La verdad es que cualquier dirigente socialista que tenga en cuenta estos tres factores, sólo puede llegar a una conclusión: el desencanto entre los votantes del PSOE es consecuencia de la derechización del Gobierno, tanto por las medidas adoptadas en materia económica como por los proyectos olvidados en temas sociales (Ley de Libertad Religiosa, Ley de Transparencia…). Por tanto, si quieren reducir la gran ventaja que en este momento les saca el PP, a Zapatero y a su equipo sólo les queda una posibilidad: recuperar políticas de izquierda que motiven a su electorado potencial.
El mayor inconveniente no es exclusivamente el desgaste de la figura del Presidente, si no que con ello ha desgastado la posibilidad de opciones socialistas en los diferentes órdenes de las candidaturas, locales o autonómicas. No por eso habrá que valorar los datos de los resultados en esos niveles geográficos, exclusivamente, como consecuencia única de las políticas nacionales, pues cada candidato en sus respectivas circunscripciones debe imponer sus propias normas comparativas y diferenciadoras. Esa es la misión de los que optan a mejorar sus resultados electorales en cada municipio o capital. Existe la posibilidad de que programas progresistas en esas áreas puedan movilizar al electorado de izquierdas de los ayuntamientos o las Comunidades. El mayor inconveniente con el que tropezarán es que el candidato peor valorado en el tiempo de democracia en este país, aglutina a un electorado que votaría igualmente PP, aunque su jefe de filas fuese una gallina; son votantes que, a semejanza del fútbol, desearían que ganase cualquier equipo antes que su contrario de toda la vida, aunque el suyo se vaya a segunda división. Al Partido Popular ni los casos de corrupción más flagrantes y abyectos le quitan ni un solo voto, por no decir que hasta les dan más. Todo muy significativo respecto de la moralidad de algunos y algunas votantes. Y esclarecedor sobre lo que esperan de los políticos a los que van a elegir. Lo que no logro entender es la subida en votos del partido de la derecha, esta que tenemos en España, con todo lo que se sabe y sin proyectos. Eso parece mucho más grave puesto que tienen candidatos imputados pero da igual, siguen siendo presidentes y candidatos; no importa acusar a la justicia de un trato desigual, cuando los casos demuestran que no sólo no es así, si no que es bastante distinto. Es una autentica sin razón lo que le está pasando a esta dirección, gente sin escrúpulos, ni ética, ni moral, ni criterios políticos propios. ¿Pero no son éstos los que pretenden gobernar España? Lamentablemente, sí.
Sólo movilizando a tantos votantes de izquierdas que, como hoy, se consideran defraudados con las políticas del gobierno de la nación, podrán mejorar sus resultados. ¿Y sí a pesar de ello no consiguieran esas mejoras? Pues, posiblemente, sería llegado el momento de que se planteasen si a pesar de que hayan tomado sus decisiones pensando siempre en lo mejor para el partido, no es el momento de reconocer que no lo han conseguido y dar un paso atrás para dejar que otros compañeros/as ocupen esos puestos de decisión.
No obstante, la posibilidad de triunfo ante la adversidad todavía es posible y no sería la primera ni la última vez, en que las encuestas de tres meses antes de las elecciones son atropelladas por los exitosos resultados en las elecciones reales. Hasta el rabo todo es toro.