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martes, 14 de febrero de 2012

Más de cuatro millones y medio de españoles están esperando del PSOE una señal

Cuatro millones y medio de españoles y españolas, votantes en fuga del PSOE, que no votaron a este partido el 22 de mayo ni el 20 de noviembre de 2011, esperan, con sana confianza, que desde aquel se emitan las señales necesarias para que puedan volver a pensar que representa los valores sociales que ellos le reconocían en otros tiempos. Esta a punto de celebrarse (o se habrá celebrado ya, depende de la publicación de este artículo) el 38 Congreso Nacional del PSOE, donde se debatirá por los delegados asistentes la Ponencia Marco, documento base elaborado por la Fundación Ideas y coordinado por Jesús Caldera, ex ministro del gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, que sirve para fijar las principales líneas programáticas de las futuras actuaciones políticas del partido socialista. Se ha mencionado, con insistencia por parte de destacados dirigentes del partido, que este era el momento en que las bases deberían tomar un papel protagonista dentro de la dinámica de funcionamiento del partido, pero nada indica al día de hoy que eso se haya realizado, más bien las señales anuncian que todo continua como antes de la celebración de este congreso. De este evento existen fundadas esperanzas de que surgirán propuestas avanzadas en su alcance, adecuadas a los tiempos en que vivimos, con implicación en las fuertes demandas ciudadanas, claramente diferenciadas de planteamientos neoliberales, con alcance y objetivos supranacionales, con afán de protagonismo en un momento de la historia en que hay que identificarse claramente, ejemplarizantes en sus objetivos, clarificadoras en las responsabilidades con asunción de las que puedan corresponder al partido, rectificadoras en su caso de aquellas medidas que tomadas por gobiernos afines se hayan demostrado ineficaces o ineficientes para los objetivos de beneficios sociales buscados. Las esperanzas depositadas son muchas y muy variadas, por lo que las frustraciones y desencantos pueden ser numerosos si no se cumple con lo esperado por los ciudadanos; la derrota en las elecciones generales del 20 de noviembre de 2011 fue la más dolorosa de toda la vida democrática del PSOE, pero todavía pueden conseguirse peores resultados si sus dirigentes no saben ver ni analizar el por qué de aquellas y cierran el partido a todo lo que representa adecuación a los tiempos y recuperación de la ideología original (ambas cuestiones no son incompatibles). Para que eso no se produzca el PSOE debería cumplir un sencillo decálogo: 1. La izquierda se mueve por principios éticos, de ahí que la política no sea un medio para el medro personal, sino para el mejoramiento de la vida material e intelectual de todos los ciudadanos. No caben ejecutivos con nóminas multimillonarias que planifican nuestro futuro reduciendo costes laborales. Eso es cosa de otros a los que hay que plantar batalla en todos los campos y con todos los medios. 2. La izquierda en el poder no puede seguir las recetas económicas, políticas y sociales elaboradas por la derecha. Tiene las suyas propias indefectiblemente unidas al mantenimiento y extensión de Estado Social de Derecho. 3. Las elecciones se ganan haciendo creíble un programa, no siguiendo los dictados de las encuestas. Es preferible estar en la oposición denunciando los abusos que estar en el poder cometiéndolos. 4. No es verdad que los objetivos programáticos de la izquierda se hayan cumplido mayoritariamente, antes al contrario vivimos en la actualidad un proceso de desmantelamiento de aquello que se había conseguido sin que exista una oposición clara y rotunda. 5. La educación laica, única y universal es un patrimonio irrenunciable de la izquierda. No se puede construir una sociedad mejor con un sistema educativo clasista y excluyente. La educación concertada no es ningún derecho, por tanto debe desaparecer. 6. No se llama hoja de ruta, se llama planificación y corresponde, en todos los ámbitos esenciales de la vida, al Estado democrático. Educación, Sanidad Pública, Protección de la vejez y las dependencias, urbanismo, infraestructuras básicas, servicios públicos imprescindibles como el suministro de electricidad y agua, la protección de la naturaleza y, parcialmente, el sistema financiero, han de ser arrancados como sea de las garras del mercado, eso sí, bajo criterios de eficiencia y controlados por los representantes de la soberanía popular, que no nacional. 7. El mercado no es la solución, el mercado es el problema. No se trata de construir una sociedad dirigida por burócratas, pero sí de otra en la que el mercado esté al servicio del hombre y no al revés, y esto sólo se consigue regulando las transacciones comerciales y de capitales, controlándolas. 8. Los derechos políticos, sociales, económicos y culturales son irrenunciables. Pero no sólo eso, estamos al principio del camino, se han de extender, ampliados, a todos los hombres del planeta. 9. Bajar impuestos no es de izquierdas, es reaccionario. Los impuestos han de ser proporcionales y progresivos. Cada ciudadano tendrá que pagar según sus ingresos y el fraude fiscal tendrá que ser perseguido como delito contra la Humanidad. 10. Partiendo del entendimiento de la política como una ética, la izquierda tiene la obligación de reconstruir sus instrumentos de movilización social –partidos, sindicatos, asociaciones de vecinos, medios de comunicación, sociedades civiles, agrupaciones ecológicas-, hoy domesticados, para buscar el apoyo social imprescindible para enfrentarse en todos los terrenos a quienes pretenden vaciar la democracia de contenidos sociales. Es ahora, más que nunca, cuando el mundo, cuando el pueblo, necesita de una izquierda nítidamente diferenciada de quienes nos han colocado al borde del abismo. Nadie, pues, debe asustarse de reivindicar el papel del Estado en los servicios públicos, en las obras públicas, en la banca o en cualquier otro sector esencial para el progreso de la humanidad y una justa redistribución de la riqueza. No se trata de izquierdistas que quieran refundar el capitalismo –que ya se ha refundado cientos de veces desde el principio de los tiempos- sino de sustituirlo por otro sistema que esté al completo servicio de los ciudadanos en una sociedad más justa y más libre donde los codiciosos, los avariciosos y los crápulas que se juegan el dinero de los demás en casinos trucados no tengan cabida salvo tras los barrotes de una prisión. Tampoco es tan difícil ni es pedir demasiado, es simple y llanamente ser y actuar como personas de izquierdas.