
Para todos/as los españoles que tengan trabajo, estudiantes, estén desempleados, sean pensionistas o similares y que se sientan desilusionados con un sistema político que no les tiene en cuenta para nada y que cada día es menos solidario con los más desfavorecidos.
Visitas
martes, 26 de febrero de 2013
Estamos solos. Cuidado con las sectas

Propiedad de los bienes de producción = Estado de Bienestar
La contradicción existente entre las teorías políticas liberales y democráticas del Estado, por la que las primeras pretenden facilitar la acumulación de capital y las segundas aspiran a la participación máxima de todos los ciudadanos, sólo podrán ser superadas mediante la implantación de un socialismo realista donde los ciudadanos dispongan de cauces efectivos donde manifestar sus inclinaciones sobre la inversión y la distribución de la riqueza.
Otro problema que aqueja al Estado de bienestar es de tipo fiscal. El problema fiscal, en general, resulta de buscar el equilibrio entre la demanda de servicios por parte de la ciudadanía y su aceptación del pago de impuestos. El desequilibrio nace por los sucesivos aumentos de oferta de los servicios públicos que requieren mayores impuestos simultáneamente. Si la oposición a la subida impositiva cobra más fuerza se produce un abismo entre las iniciativas de gasto público y los ingresos reales del Estado. El rechazo a la contribución fiscal, por parte de un amplio sector “satisfecho” socialmente, proviene de la negativa a proporcionar al sector más empobrecido beneficios que constituyan una dádiva y no un logro obtenido por el libre juego del mercado. El papel del Estado, según este sector de la población, debe quedar supeditado a dos cuestiones específicas: el gasto militar y el apoyo económico a las instituciones financieras en quiebra. La falacia de esa afirmación reside en pensar que sus beneficios son el justo resultado de su dedicación y esfuerzo.
No menos importante es la situación en la que el Estado o bien no alcanza a satisfacer lo que promete o bien es conminado a eliminar gran parte de los fondos dispuestos para provisión social, resulta altamente probable que la ciudadanía comience a retirar su confianza al proyecto y que se produzca menoscabo de su legitimidad. En el capitalismo desarrollado el Estado se torna muy activo interviniendo en la economía a favor del capital. Si bien es cierto que el Estado de bienestar ha reportado ciertas mejoras en las condiciones de vida de los trabajadores particularmente, no ha supuesto una transformación profunda en la distribución de la riqueza puesto que el afán que mueve a aquél es el interés del capital. El Estado de bienestar es un Estado democrático, y en democracia no sólo tiene poder quien deposita su voto en la urna; hay muchas fuentes de poder, entre otras: las corporaciones económicas y profesionales, las asociaciones patronales y sindicales, los colegios profesionales, etc. El resultado es así un Estado fuerte con los débiles y débil con los fuertes. No todo el mundo tiene el mismo peso, la misma fuerza, el mismo poder, en la mesa de la negociación; y prácticamente ninguno los no corporativizados, o los pertenecientes a débiles corporaciones. De la vieja desigualdad individualista liberal se puede haber pasado a una desigualdad grupal o corporativa, desde luego disfrutada o sufrida en última instancia por individuos particulares.
Como consecuencia de todo lo anterior concluiré con la afirmación de que las redes de protección social deben ser muy sólidas (es decir, estar sobradamente asentadas y asumidas por toda la población), y la población muy concienciada (y solidaria) en su justicia social, para que la globalización y sus inherentes problemas de crisis económica (como la actual) no promuevan en los gobernantes acciones que conduzcan a su desintegración.
Si el Estado del Bienestar se desmorona en perjuicio de las clases más humildes ¿no habría que cuestionar la propiedad privada de los medios de producción?
España, país peculiar
La Historia de España durante los últimos trece siglos presenta una serie de rasgos, cuanto menos, curiosos sobre la forma de proceder de los individuos de este país.
En el siglo VIII aún no existía España como entidad nacional sino una serie de poblaciones más o menos numerosas alrededor de castillos y parroquias fortificadas con mayor o menor éxito, donde gobernaban señores feudales o reyes de zonas territoriales más amplias. El origen de la mayoría de esos gobernantes se remontaba a unas batallas o hechos de armas, en que un antepasado de éstos había conseguido destacar por su destreza en el uso de las armas, que casi siempre coincidía con su fuerza y violencia, fundamentalmente por el peso y tamaño de los instrumentos utilizados consistentes en pesados escudos y enormes espadas. El nivel de educación de éstos era muy limitado cuando no inexistente y el sus vasallos o súbditos aun menor, si podía ser posible; éstos pagaban al señor feudal los diezmos o regalías que les habían sido impuestas por la supuesta defensa que podía presumir vivir en las proximidades de una fortaleza con gente armada. En aquellas fechas pueblos del norte de África decidieron invadir la Península Ibérica; de su nivel de educación no hace falta hablar demasiado, es suficiente ver las obras realizadas en la Alhambra de Granada o en la Mezquita de Córdoba, sedes respectivamente del gobierno establecido por esos señores; en cuanto a su nivel de conocimientos en ciencias como la medicina o la astronomía han quedado para la posteridad su avanzado nivel de discernimiento en estas y otras ramas de la ciencia. La comparación entre la cultura musulmana que invade Iberia y la poseída por los pobladores de esta proporciona un doloroso resultado para estos. En consecuencia podría haberse producido un trasvase de conocimientos de una a otra cultura con un beneficio más que evidente para el incremento del conocimiento medio de los futuros hispanos. En lugar de esto y “animados“ por esos señores que les gobernaban sin demasiada consideración a sus opiniones en la mayoría de los casos, se lanzan a una “Católica Reconquista” (no queda muy claro quien se quedaba con lo conquistado) que finaliza con el triunfo de la ignorancia sobre la cultura.
A finales del Siglo XV este país se embarca en otra “Católica aventura ultramarina” con una espléndida campaña de marketing posterior que pretende y consigue el descubrimiento, sino de una nueva vía de acceso a las Indias occidentales, un “Nuevo Mundo” para los europeos porque para los habitantes de este ya era conocido. En ese continente vivían pueblos con un nivel de conocimientos en distintas cuestiones científicas como la astronomía o la medicina de las que no disponían los invasores, así que ¡manos a la obra!, lo primero que hay que hacer con los aborígenes es exterminar a los que se resistan a ser prisioneros, abusar de todas las hembras, robar sus tesoros y, fundamentalmente, hacerles abjurar de sus creencias religiosas “paganas” y convertirlos (a cualquier precio) a las normas de la única y verdadera religión: la católica. En cuanto a la posibilidad de realizar estudios sobre sus niveles de conocimientos y aprender de ellos ¿para qué?
En el siglo XVIII se produce un hecho que ha marcado profundamente el devenir de la historia futura de la humanidad, si bien su trascendencia ha quedado mediatizada por la forma en que el mercado ha adaptado aquellos principios a sus intereses menos utópicos. Se produce en nuestro vecino país, Francia, y transciende las fronteras, incluso atraviesa el océano hacia América; es la Revolución Francesa, la finalización del poder de unos pocos sobre la voluntad de la mayoría, el advenimiento de una nueva era de autogobierno de los pueblos, el amanecer de la soberanía popular. A pesar de la proximidad geográfica, las fronteras existentes (que no los Pirineos), establecidas a través de los estamentos que gobiernan el país, Monarcas, Ejércitos, Iglesia e incultura del pueblo, evitan que trascienda en lo más mínimo lo ocurrido en las proximidades. No obstante el proceso continúa entre los franceses, que exportan esas ideas hacia otros países y que tras la aparición de la figura de Napoleón establece la necesidad de abandonar el criterio de nacionalidad por otro más amplio de supranacionalidad, la Europea, la unión de la mayoría de naciones de Europa; este pensamiento tropieza clara y frontalmente con los intereses de los poderes nacionales establecidos en cada país (que no son nunca los del pueblo llano), las Monarquías y sus adlatares, que gobiernan en sus países con un sistema basado en el poder regio emanado del Dios representado por los sacerdotes, es decir con poderes exclusivos y excluyentes. Que la influencia francesa podría haber significado un importante avance para el pueblo español y posiblemente para la idea de una Europa unida, que habría coincidido en el tiempo con el momento en que comenzaba a gestarse una idea semejante al otro lado del Atlántico, en los EE UU, lo dan las Cortes de Cádiz con la promulgación de la Primera Constitución Española. Pues nada este “sabio pueblo” vuelve a las andadas y se alza en armas contra el “invasor francés” para restituir en el trono a Fernando VII, que a pesar de haber prometido que en esta nueva situación respetaría lo que significaban los preceptos contenidos en la Constitución de Cádiz, una vez restablecido en su poder absoluto se apresura, seguramente aconsejado por sus más próximos y desinteresados asesores, a abolir aquella y restablecer los poderes despóticos encarnados en la persona del monarca. Y hay no acaba la cosa.
El final del Siglo XIX y comienzo del XX significó para España (para algunos españoles) la pérdida de las últimas posesiones (las suyas) en las antiguas colonias (de ellos), con la lógica pérdida de los derechos económicos que esto comportaba (para ellos), mientras que para la mayoría de las familias españolas no represento más que la desaparición de algún ser querido en las numerosas batallas que hubo que realizar en defensa de los intereses de algunos. Pero mientras que para ciertos (pocos) países europeos este periodo significó la aparición de los primeros gérmenes de regímenes democráticos, con sus parlamentos elegidos (no siempre por la mayoría de los ciudadanos; en muchos de estos pases las mujeres no tendrían derecho a votar hasta mucho tiempo después), si bien en muchas ocasiones por “electores debidamente cualificados”, al menos parecía que comenzaba una nueva época, en España reinstauraban el sistema de gobierno de la monarquía tras el breve periodo del advenimiento de la Primera República (1873-1874).
España pudo evitar incorporarse a los beligerantes de la I Guerra Mundial más bien debido al azar que a las habilidades de los políticos del momento, en consecuencia no tuvo que realizar las imprescindibles tareas de reconstrucción nacional inherentes a esos conflictos, que en la mayoría de los casos se realizan a base de las penurias y carencias de todo tipo para el conjunto de los ciudadanos. No obstante, España durante ese periodo también participo en acciones militares, sobre todo en el Norte de África, que le desgastaron humana y económicamente; a comienzos del Siglo XX España continuaba gobernada por la Monarquía que se permitía convivir con la Dictadura de Miguel Primo de Rivera (1923-1930), mientras en el resto de países de Europa los sistemas democráticos se tambaleaban por la aparición de el fascismo en Italia (1922, su sistema de organización sirvió de referencia y modelo a la Dictadura de Primo de Rivera, quien llego a decir de Mussolini que “era el apóstol de la campaña contra la anarquía y la corrupción política”), la fundación del Partido Nazi en Alemania y en Rusia la revolución proletaria queda sometida a la dictadura de Stalin, los regímenes totalitarios gobiernan en Portugal y Polonia. La monarquía, cómplice de la dictadura, será el objeto en cuestión a partir de la unión de toda la oposición en agosto de 1930 en el llamado Pacto de San Sebastián. Tras las elecciones municipales de 1931, el 14 de abril, se proclama la Segunda República, dando así fin a la restauración borbónica de la monarquía en España.
La Constitución de la Segunda República supuso un avance notable en el reconocimiento y defensa de los derechos humanos por el ordenamiento jurídico español y en la organización democrática del Estado: dedicó casi un tercio de su articulado a recoger y proteger los derechos y libertades individuales y sociales, amplió el derecho de sufragio activo y pasivo a los ciudadanos de ambos sexos mayores de 23 años y residenció el poder de hacer las leyes en el mismo pueblo, que lo ejercía a través de un órgano unicameral que recibió la denominación de Cortes o Congreso de los Diputados y, sobre todo, estableció que el Jefe del Estado sería en adelante elegido por un colegio compuesto por Diputados y compromisarios, los que a su vez eran nombrados en elecciones generales.
Todos ellos son distintivos de la preocupación republicana por la soberanía popular y la democracia efectiva, por lo que es posible enunciar una serie de principios que la Constitución incorporó o reafirmó como elementos esenciales del ordenamiento jurídico español:
• El principio de igualdad de los españoles ante la Ley, al proclamar a España como "una república de trabajadores de toda clase".
• El principio de laicidad, por el que se iba más allá de la mera separación entre la Iglesia y el Estado para adentrarse en un ámbito de total eliminación de la religión de la vida política.
• El principio de elección y movilidad de todos los cargos públicos, incluido el Jefe del Estado.
• El principio monocameral, más acorde a la democracia, que suponía la eliminación de una segunda Cámara aristocrática o de estamentos privilegiados y por el cual el poder legislativo sería ejercido por una sola Cámara.
• Se preveía la posibilidad de la realización de una expropiación forzosa de cualquier tipo de propiedad, a cambio de una indemnización, para utilización social así como la posibilidad de nacionalizar los servicios públicos.
• Amplia declaración de derechos y libertades. Concedía el voto desde los 23 años con sufragio universal también femenino.
• Separación de la Iglesia y el Estado, además del reconocimiento del matrimonio civil y el divorcio.
El Gobierno de los Mayores
negociación y cesión con las patronales, se iban por el retrete en aras de una nueva legislación que el gobierno de turno imponía sin negociación gracias a la mayoría absoluta obtenida por su partido en las anteriores elecciones, a las que se presentó, por otro lado, con un programa político absolutamente distinto; un momento en que hasta para poder acceder a los tribunales de justicia para reclamar un derecho que en otros países del entorno era reconocido sin necesidad de intermediación, suponía un desembolso imposible de realizar para la mayoría de la población, que, consecuentemente, tenían que verse obligados a renunciar a esos derechos que como ciudadanos les correspondían; un país donde la educación, la sanidad, y cualquier derecho fundamental de los ciudadanos que fuese susceptible de ser negocio, se privatizaba; hasta el agua se había convertido en un bien en manos privadas; el derecho a una vivienda digna expuesto en la Norma Superior del ordenamiento del país sólo servía para que los intermediarios financieros hiciesen un craso negocio, despreciando las dolorosas circunstancias de muchas familias, con el resultado intolerable de numerosos suicidios; el Parlamento del país era un remedo de representación y control democrático, las comisiones de investigación que no le interesaban al gobierno no se creaban, las Iniciativas Legislativas Populares no pasaban el filtro de la Mesa del Congreso (controlada por miembros del partido en el gobierno) cuando al gobierno no le convenían.
esta desesperante situación se le sumo una espectacular corrupción de una parte de la clase política dirigente, con noticias que cada mañana salpicaban los distintos medios de información con escándalos difícilmente soportables por los afligidos ciudadanos. Todos los delitos previstos en el Código Penal y otros nuevos fueron realizados por aquellos representantes públicos que, despreciando su mandato popular, hacían de su capa un sayo, justificando sus acciones en la mayoría de votos que habían conseguido en las pasadas elecciones.
La paciencia de los ciudadanos se agotaba por momentos, desesperados de que no existiesen cauces reales de participación en la toma de decisiones que tan duramente les afectaban. Surgieron movimientos ciudadanos que pretendieron cambiar el rumbo de la deriva de los acontecimientos, pero su labor resultaba infructuosa, principalmente por la pasividad de una buena parte de la población, quienes a pesar de la contundencia de las medidas tomadas por el ejecutivo en sus haciendas y bienes más imprescindibles, permanecían mudas en sus hogares esperando a que surgiese un salvador que les solucionase el problema sin necesidad de su colaboración. El gobierno se decía estar representado por esa mayoría de ciudadanos que no participaba en ningún acto reivindicativo, lo que hacía aun más doloroso para estos su indiferencia por no estar de acuerdo con esta gratuita afirmación pero, sin embargo, no hacer nada que desmintiese ese subterfugio del gobierno para sentirse habilitado para continuar con la toma de medidas legales contra la población.
Ante esta impresentable situación, un grupo de ciudadanos oyó noticias de un país, situado por Oriente del suyo, en donde no existía corrupción y la poca que se había producido había sido tan duramente castigada que nadie, después de aquello, había intentado hacer algo semejante. Animados por estas noticias decidieron realizar un viaje hasta ese país para informarse en primera persona de cómo habían conseguido un sistema político tan justo.
Una vez en ese país consiguieron una entrevista con un embajador que el gobierno de esa nación puso a su disposición para que les asistiese en todo lo que necesitasen durante su estancia en dicho país. Cuando se encontraron por primera vez en las oficinas que el citado diplomático utilizaba para realizar su trabajo, se quedaron muy sorprendidos de que el citado plenipotenciario era un señor de avanzada edad, con una larga coleta de pelo absolutamente blanco, de modales extremadamente distinguidos y apariencia afectiva hacia los visitantes, si bien su forma de desenvolverse y moverse parecía corresponderse más con un hombre de menor edad.
Una vez que los visitantes les expusieran el motivo de su visita el caballero pasó a informarles:
Los gobiernos de todos los órganos de dirección del país, en todas las circunscripciones territoriales estaban integrados por personas de gran experiencia y mayor conocimiento, circunstancia que, generalmente, se correspondía con personas de edad avanzada, dado que la experiencia y el conocimiento no se adquieren si no es con el transcurso del tiempo, mantenía el diplomático. No obstante, cerca de estos dirigentes se encontraban personas de menor edad (tampoco demasiado jóvenes) que se preparaban a su lado para sustituirlos cuando llegase el momento, que podía sobrevenir de manera natural por el fallecimiento del titular o bien por la decadencia física o psíquica del mismo.
Los viajeros le preguntaron entonces por el papel de los jóvenes en esa cultura; la respuesta fue inmediata, los jóvenes tenían que estudiar, trabajar profesionalmente, adquirir experiencia y después de una larga vida de servicios a la comunidad, tendrían el privilegio de poder optar a puestos de representación, si sus conciudadanos así lo decidiesen.
¿Cuál es el motivo para que sean los mayores los que gobiernen al país?, fue la lógica pregunta que los visitantes hicieron al portavoz; su respuesta fue igual de contundente: los mayores, las personas que acceden a los puestos de representación del resto de ciudadanos, no tienen necesidad de muchas cosas materiales por lo que resulta extremadamente difícil que puedan ser sobornados para que procedan en desacuerdo con lo que sus vecinos les mandataron, por lo que la corrupción es muy difícil, cuando no imposible, que se produzca; y en caso de que los órganos de control que el pueblo tiene sobre las decisiones de las autoridades demostrasen, después de un juicio público, que ha existido la mínima transgresión, esta sería sancionada con doble pena, una por lo que supone el delito en sí mismo, y otra pena por el abuso de la confianza depositada por el pueblo en el interfecto. Dicha condena se cumpliría en los mismos establecimientos penitenciarios en que se exculpaban el resto de los delitos, con el agravante de que los condenados por estos últimos verían su vida en estos establecimientos claramente diferenciada su convivencia con el resto de convictos.
Otra pregunta que le hicieron los extranjeros al caballero es si la corrupción para si mismos era, según demostraba la realidad, muy difícil que se produjese en estas circunstancias legales, no se podría dar para beneficio de los parientes más próximas al mandatario, como hijos o hermanos; la solución a esta duda fue resuelta de inmediato: si el país tiene establecido un sistema por el cual todos los habitantes de él tienen las mismas oportunidades, la misma educación, la misma sanidad, el mismo derecho a una vivienda digna en alquiler, según las circunstancias personales de cada individuo en los diferentes momentos de su vida, que necesidad tiene la autoridad de prevaricar para que si hijo tenga este o aquel trabajo; lo que tratará será imbuir en su vástago la idea de que sólo su esfuerzo será el que obtenga la recompensa de tener un trabajo que se adapte mejor a sus aptitudes y actitudes, y el que sólo los mejores ocupen los trabajos mas gratificantes no tiene la posibilidad de generar envidias ni recelos porque serán los mismos ciudadanos quienes designarán a quienes deben ocuparlos, mediante tribunales del pueblo. Por otro lado, las retribuciones de los diferentes empleos están situadas en una horquilla lo suficientemente estrecha como para que ningún trabajador, por muy exigente que sea el procedimiento de acceso a su trabajo, será retribuido por un importe que sea superior a cinco veces el salario medio interprofesional, siendo este bastante para cubrir todas las exigencias de la vida cotidiana, contemplando en ellas la posibilidad del necesario ocio.
En su ánimo de conseguir la mayor cantidad de información sobre las normas que sustentaban esa espectacular democracia, los visitantes preguntaban incesantemente al diplomático las más insignificantes cuestiones que podría hacer importable a su país una situación semejante. Su sorpresa fue mayúscula cuando uno de sus mismos compañeros cayo en la cuenta que lo que aquel país de oriente estaba haciendo era algo que algunos distinguidos hombres de su país habían dicho hacía muchos años: Sólo deben gobernar aquellos que hayan demostrado una trayectoria vital y profesional intachable (fácilmente asimilable a una larga vida trabajando con honradez y honestidad), ocupando posteriormente puestos de menor importancia, que serán adecuadamente ascendidos cuando sus compañeros coincidan en que su comportamiento se adecua a lo que estaba previsto que se hiciese, sin dejar en ningún momento de controlar su comportamiento por muy alto que consigan llegar. Siendo sancionados adecuadamente (compatible exactamente con las penas de los orientales) cuando incumplan el mandato por el que fueron designados.
Solemos creernos que en otros lugares hacen las cosas mejor que nosotros porque disponen de circunstancias distintas a las nuestras cuando no nos paramos a ver que lo que tenemos que hace es escuchar y poner en práctica las formas y los modos que el sentido común nos impone sin buscar fórmulas mágicas de otras fuentes.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)