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lunes, 4 de noviembre de 2013

¿Tenemos los españoles alguna característica que nos conduce a ser esclavos?

Nuestra historia, la de España y los españoles, nos enseña que en algunas ocasiones nuestro territorio y nuestras gentes fueron obligados  y sometidos por fuerzas extranjeras; desde el imperio romano hasta la más reciente invasión de las fuerzas napoleónicas. Algunas de ellas, como la dominación romana, musulmana o la francesa aportaron a nuestra cultura profundos conocimientos en medicina, astronomía o leyes, así como en ingeniería y obras de infraestructuras, pero siempre bajo la condición de un país dominado.
Algunos argumentos que he escuchado en estos días y algunas conversaciones que no he podido evitar oír me han recordado el grito de "¡vivan las cadenas!", acuñado en 1814, cuando regresó a España Fernando VII y quedó abolida la Constitución de 1812. ¡Vivan las cadenas! es un lema acuñado por los absolutistas españoles en 1814 cuando, en la vuelta del destierro de Fernando VII, se escenificó un recibimiento popular en el que se desengancharon los caballos de su carroza, que fueron sustituidos por personas del pueblo que tiraron de ella. Se pretendía justificar con ello la decisión del rey de ignorar la Constitución de 1812 y el resto de la obra legislativa de las Cortes de Cádiz, gobernando como rey absoluto, como le proponían los firmantes del Manifiesto de los Persas (12 de abril). El año que viene se cumplen dos siglos de aquel 4 de mayo de 1814, en que Fernando VII suspende las Cortes de  Cádiz. Mariano Rajoy Brey podrá celebrarlo como presidente del gobierno de España.
Pero ahora estamos en Europa, cuna de culturas. Sí, ése es el escenario y su decorado. Pero ¿de verdad estamos en una democracia? ¿De verdad bajo ese nombre gobiernan los pueblos de muchos países? ¿O hace tiempo que se ha evolucionado de otro modo? Actualmente en Europa y fuera de ella, los financieros, culpables indiscutibles de la crisis, han salvado ya el bache y prosiguen su vida como siempre con grandes beneficios. En cambio, sus víctimas no han recuperado su trabajo ni su nivel de ingresos. La culpabilidad del sector financiero en la crisis no sólo no ha conducido a la nacionalización de la banca rescatada; ni siquiera se ha planteado la supresión de mecanismos y operaciones de alto riesgo. No se eliminan los paraísos fiscales ni se acometen reformas importantes del sistema, más que aquellas que hacen más pobres a los más pobres.
Decía Tomás Moro que” según ha dicho Platón sólo serán perfectamente felices las repúblicas en lo venidero si los filósofos son reyes o los reyes se entregan al estudio de la filosofía”, “Nada más contrario a la dignidad de un soberano que reinar en un pueblo de mendigos; su deber es regir una nación rica y feliz” 
El miedo es una característica inherente a la sociedad humana: está en la base de su sistema educativo (que,  en buena medida se define por el esquema básico del premio y del castigo) y es un pilar del proceso socializador. Buena parte del sistema normativo se fundamenta en el miedo, como muestra el Derecho Penal. El miedo, el excesivo egoísmo, la exacerbación de la individualidad fomentada por los poderes públicos y por las religiones es lo que nos ha convertido en el tipo de personas que somos (la religión no es por si misma generadora de temores o angustias, pero si lo es el discurso político al cual apelan para generar adoctrinamiento). El principal transmisor actual del miedo son los medios de comunicación de masas, pero en todo caso se precisa de la credulidad de la sociedad para que el pánico estalle; es decir, se necesita una sociedad de ignorantes para el miedo fecunde; para eso se utilizan las leyes de gobiernos retrógrados y que la propiedad de los medios de comunicación estén en pocas manos.
Cuando los adultos que gobiernan atacan a los jóvenes, obligándoles a exiliarse en busca de un futuro mejor, obedecen a los deseos de los que dirigen esta sociedad que son los que saben lo peligrosos que son los jóvenes porque todavía no tienen intereses creados y se niegan a embrutecerse y resignarse. Muchos les dirán que permanezcan tranquilos y que sean buenos, que la emigración es una forma de contacto con el resto de su país que es Europa, y un justo afán de aventura juvenil; que todo lo que pedís es justo y está bien, pero que ya se encargarán ellos de apartar el grano de las malas hierbas.
Pero vosotros debéis saber que los verdaderos cambios sólo se producen cuando los interesados en ellos los llevan a cabo y los imponen. Sólo vosotros podéis decidir lo que os interesa cambiar y cómo. Sólo el que sufre una opresión puede quitársela de encima.
Por supuesto que una actitud decidida os creara conflictos pero los conflictos sólo son malos si se producen en contra de vuestra voluntad, os pillan desprevenidos, no sabéis por qué y vuestras fuerzas no son las adecuadas. En vuestras manos y en las de todos nosotros existe la posibilidad de cambiar una realidad que nos oprime y no nos gusta.
Vosotros debéis ser la vanguardia de este movimiento, los primeros en el trabajo y en el estudio, los primeros en la defensa de los derechos de los desahuciados de este país; para ello hay que plantearse tareas reales y concretas: Tareas de trabajo cotidiano que no pueden admitir el más mínimo desmayo.