En los últimos días del mes de septiembre de este
año, 2014, los medios de ¿información? Nacionales nos tienen sometidos a los
ciudadanos a un continuo debate sobre las perversidades de un execrable
corruptor de menores que, abusando de su fuerza y circunstancias (parece ser
que adormecía a sus victimas antes de ejecutar sus maldades), satisfacía sus
insanas apetencias sexuales con sus retenidos a la fuerza. En esta información
abundan las opiniones sobre la oportunidad de dar permisos carcelarios a estos
individuos mientras están cumpliendo su condena o reducir esta en virtud de una
supuesta reinserción del delincuente, misión que según parece corresponde a
dicha permanencia en prisión (al parecer algunos sostienen que la permanencia
en la cárcel sirve para que los penados salgan a la sociedad mejores que
entraron en dichos centros; circunstancia que sin duda se da pero en un porcentaje
mínimo). En este tipo de delitos está ampliamente demostrado que el preso ni se
arrepiente ni pide perdón, y, lo que es peor, al salir a convivir con el resto
de ciudadanos tiene las mismas o mayores apetencias delictivas que con
anterioridad. La consecuencia parece evidente, este tipo de delincuentes debe
cumplir la totalidad de su condena, que debe ser ejemplarizante, y no disfrutar
de ninguna de las ventajas que pueda tener su buena conducta en el interior de
esas prisiones, por la sencilla razón que dentro de ellas no tiene la
posibilidad de ejercer sus malvados actos.
Estas circunstancias de alarma social sobre la
vida de nuestros seres más queridos, nuestros hijos y nietos, no debe hacernos
olvidar a los ciudadanos que existen otros delincuentes tan peligrosos o más
que el tipo de los anteriormente citados y son los corruptores y los corruptos
de capitales públicos; estos individuos, abusando de la confianza depositada
por los ciudadanos en ellos, roban el dinero que pertenece a todos los ciudadanos,
en virtud de una situación por la que el pueblo, una vez tomada la decisión de
depositar su confianza en ellos no posee mecanismos para que cuando el corrupto
cometa su delito desposeerle de esa confianza, entonces en virtud de aquella
delegación y de su posición de fuerza el ladrón se aferra a su cargo del que no
se le puede echar. Algunos ciudadanos llegan a justificar a estos delincuentes
bajo la premisa de que “más robaron los otros”, ¡¡increíble!! Estos
delincuentes deberían tener una penas adicionales según el Código Penal, en
función del cargo que ostentan y del que se valieron para realizar sus
fraudulentos negocios: Una condena por el abuso de confianza que los ciudadanos
depositaron en su persona para gestionar los bienes públicos; otra condena por
el robo en sí mismo, con la exigencia de la devolución de lo sustraído, más las
cantidades que correspondiesen, aplicando los baremos bancarios para las
situaciones de descubiertos en cuenta, por los beneficios obtenidos durante el
disfrute de esas cantidades; y una última condena, por abuso de poder, que
implique la inhabilitación de por vida para ocupar cualquier cargo público en
cualquiera de los niveles de las administraciones nacionales o internacionales.
Es decir, si a un delincuente común se le aplican la condena de 3 años por un
robo de una cantidad determinada, a estos individuos habría que multiplicarla
por tres.
Necesitamos
penas más duras, plazos de prescripción mucho mayores y sobre todo órganos de
Instrucción dotados con los medios necesarios para hacer frente a la avalancha
de macroprocesos de corrupción. Dentro de los organismos públicos, habría que
establecer, ya, de verdad, mecanismos de control y detección precoz de estas
prácticas, y, ya de paso, que los partidos se doten de códigos éticos de
verdad, no de éstos de la pandereta que sólo quieren aplicar cuando el corrupto
está en la trinchera contraria. En otros países son mucho más contundentes con
estos delincuentes, por ejemplo en Cuba, en donde tres empresarios canadienses
han sido condenados el viernes en Cuba a penas de entre 8 y 15 años de prisión,
y a la confiscación de cerca de 100 millones de dólares en activos, tras ser
hallados culpables de varios delitos económicos, entre los que se cuenta el
soborno, el fraude, tráfico de divisas y evasión de impuestos. El presidente y
dos directivos de la compañía de servicios de transporte Tokmakjian fueron
detenidos en septiembre de 2011 y juzgados en junio de este año en La Habana.
El grupo Tokmakjian tenía 22 años haciendo negocios en Cuba y solía ser uno de
los más importantes en el comercio automotor de la isla. Puede que sea por esto
por lo que a muchos de nuestros próceres empresariales no les gusta nada los
sistemas políticos en donde las reclamaciones y derechos de los ciudadanos son
respetados y atendidos.
Como no se actúa contra estas
figuras delictivas es con el Nuevo Código Penal del PP, que olvida el caso Barcina, que seguiría archivado
con la actual redacción del delito de cohecho, el caso Matas y la figura actual de la prevaricación, que no
incluye prácticas como las que llevó a cabo el ex presidente balear, que diseñó
un concurso público a la medida del periodista que le escribía los discursos a
través de una sociedad tapadera. No se han alterado los requisitos de lo que se
entiende por delito de tráfico de influencias a raíz del caso José Blanco o que no se hayan endurecido las penas por
financiación ilegal de partidos (caso
Pallerols, Gürtel y los ‘papeles de Bárcenas’). Tampoco existe un nuevo
tipo de delito que castigue el enriquecimiento ilícito de cargos públicos y que
pudiera ser aplicable al ex presidente de la Diputación de Castellón, Carlos Fabra. El proyecto tampoco
contempla ningún delito específico para perseguir la gestión negligente de los
responsables de las entidades financieras rescatadas por el Estado (Bankia,
Banca Cívica, Banco de Valencia, CAM…) ni incluye delitos relacionados con el
mercado como el de la manipulación para alterar el valor de las cosas (la
salida a bolsa de Bankia o la estafa de las preferentes). Tampoco una reforma
de los delitos societarios para “que las millonarias retribuciones,
prejubilaciones y pensiones auto concedidas por los consejeros de entidades
financieras rescatadas sean perseguibles”
La corrupción es directamente proporcional al dinero que se
maneja en cada actividad e inversamente proporcional a los controles que
existen para evitarla; y digo yo, con el dinero con que se opera en el
Organismo de Loterías del Estado y conociendo a los paisanos ¿sus cuentas estarán
claras?







