La actual situación social de los trabajadores en
España no es una cuestión personal o individual, no es no siquiera una cuestión
local, tampoco regional, ni mucho menos nacional, ni tan siquiera continental,
es consecuencia de una decisión tomada desde las más altas instancias del
capitalismo mundial, que han decidido que ahora era el momento adecuado para
que los trabajadores de todo el planeta tuviesen igualdad de derechos tomando
como ejemplo los que tienen (por decir que tienen) en los países donde los
derechos sociales son más escasos como China, la India, etc. Es sorprendente la
uniformidad del mensaje de los máximos poderes económicos de La Tierra:
“Cuantos menos derechos tengan más implorarán por el pan diario”; situación que
ya se está dando en numerosos países del llamado primer mundo, no siendo ni
siquiera imaginable las situaciones de pobreza extrema que se están dando en
los ciudadanos de los llamados del tercer mundo. Siendo sorprendente lo
relatado con anterioridad es muchísimo más pasmoso la nula reacción de los trabajadores
del mundo que ven con estoicismo como sus familias, mujer e hijos, mueren de
hambre o padecen situaciones de pobreza extrema, o son desatendidos en sus
derechos básicos como ciudadanos con necesidades de atención a sus
discapacidades, o ven que los escasos puestos de trabajo son ocupados por
aquellos que tienen relaciones amistosas que les permiten requerir a aquellas
para que coloquen a sus retoños, aunque sus capacidades sean claramente
inferiores al resto de demandantes de ese puesto de trabajo pero carentes estos
de esa poderosa razón que es el enchufe paterno o materno.
Mientras que el poder económico está
despiadadamente unido frente a todo lo que signifique solidaridad con los más
desfavorecidos, los trabajadores nos enfrentamos los unos contra los otros por
cuestiones baladíes, auspiciadas esas disensiones por los poderes informativos
en manos de los más poderosos, que no pretenden otra cosa que fomentar la
desunión que impida el acuerdo de los trabajadores en las cuestiones
fundamentales que deberían unirnos: El reparto de la riqueza de todos los
países entre todos los ciudadanos de cada país de manera equitativa y solidaria,
y la justicia e igualdad de oportunidades para todos por igual. Es
imprescindible la unión de todas las fuerzas que defiendan los intereses de los
trabajadores, acabando con personalismos o protagonismos trasnochados,
considerando que los intereses de los trabajadores están por encima de las
siglas que cada uno de ellos pueda llevar o no en su carnet de afiliado
sindical o político, y que el servicio a los ciudadanos debe prevalecer sobre
los intereses personales.
Desde siempre, las trabajadoras y trabajadores han
sentido la necesidad de organizarse y han luchado para que este derecho básico
sea reconocido. En todos los lugares
del mundo la primera batalla que plantea el Movimiento Obrero es por la
conquista del derecho de asociación.
Las trabajadoras y trabajadores estamos afectados
por problemas que nos son comunes y, en consecuencia, no caben soluciones
individuales. Por ello, es necesario unir fuerzas mediante la organización,
para luchar contra los problemas que nos aquejan y, en definitiva, para luchar
contra una sociedad radicalmente injusta, de la que somos las principales
víctimas.
Hoy la situación no ha variado sino en las formas
manifiestas de explotación. El paro, los salarios de miseria, los contratos
basura, la indefensión, el entreguismo sindical, los despidos individuales o
colectivos, los recortes de derechos adquiridos, etc., hacen víctima a la
trabajadora o trabajador de una situación social injusta con el exclusivo fin
de mantener, y aún aumentar, los niveles de beneficios del capital.
Por eso, hoy al igual que siempre, es indispensable la organización para el
conjunto de la clase obrera, como única
forma de afrontar nuestra situación y cada uno de nuestros problemas que a
todas y todos nos afectan y que sólo el esfuerzo compartido los podrá
solucionar.
En la actualidad, no se nos prohíbe directamente
el derecho a asociarnos, pero se
ponen en marcha los mecanismos suficientes para manipular este derecho. Los
medios de comunicación, de creación de opinión, son cada vez más determinantes
a la hora de cautivar el pensamiento de la clase obrera, en todos los sentidos,
y, en este aspecto en concreto, son cómplices de la creación de un ambiente de
apatía generalizada y de una competitividad absurda que beneficia exclusivamente
a la Patronal y al Capital.
Esta situación de apatía y escepticismo se puede
superar participando en la construcción de un proyecto de futuro para la clase
obrera, vertebrado por una organización construida por todas y todos.
Actualmente, la clase obrera y cualquier postura
de cambio social son atacadas por el sistema, aprovechando todos los medios a
su alcance para introducir y potenciar la división y la competitividad entre
trabajadores. A nivel social, los creadores de opinión, principalmente a través
de la radio, prensa y, sobre todo, televisión, intentan cada vez con mayor éxito,
conseguir la uniformidad de pensamiento. Así, constatamos la desaparición de la
escucha, lectura o visión crítica de las noticias e informaciones con las que
nos bombardean constantemente. Cada vez son más las trabajadoras y trabajadores
que piensan, hablan, hacen, quieren y desean lo que a través de estos medios se
ofrece.
Ha llegado la hora de que los trabajadores seamos
protagonistas de nuestro futuro.




