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domingo, 30 de agosto de 2015

Los Militantes de Base son los que Deciden



Son muchas las organizaciones políticas en España en las que las decisiones, de cualquier índole, se toman desde los órganos nombrados al efecto y, generalmente, los miembros de estos órganos han sido seleccionados por poseer unas características determinadas de agradecimiento y sometimiento expreso a los que los nombraban, que frecuentemente también ostentaban puestos importantes en  esos órganos de representación.  
Unos pocos grupos políticos utilizan unos sistemas más representativos para la conformación de la voluntad orgánica, pero en algunas ocasiones tienen la tentación de anular esas vías de democracia interna en aras a una más rápida toma de decisiones y, sobre todo, a unas decisiones tomadas considerando sólo unas pocas opiniones. Estas formaciones suelen estar ubicadas a la izquierda del espectro ideológico del país, aunque ocasionalmente confunden sus intereses con los del mercado entrando en una paranoia entre ideología y posibilismo. Contra esa posibilidad de retroceso ideológico de algún partido de izquierdas los militantes reclaman una mayor profundización en las condiciones de democracia interna que consiga que la voz de la militancia sea escuchada y que se apliquen las políticas, en caso de gobernar, que los militantes en su mayoría propugnen. Unos militantes maduros, inteligentes y formados profesional y socialmente. Unos militantes que demandan que sean los méritos de cada uno de ellos en su trabajo en sus respectivas organizaciones locales los que determinen que sus compañeros y compañeras les propongan para figurar en las listas electorales del partido (listas abiertas), en sus órganos regionales y en último caso en los Federales. Unos militantes que reclaman que los derechos que como ciudadanos civiles les corresponden por el simple hecho de ser españoles les sean respetados en su organización. Unos militantes que demandan las dobles vueltas en las votaciones para elegir compañeros/as que ocupen los puestos de mayor representación del partido. Unos compañeros que piensan que los modelos políticos de otros países pueden serle útiles a ellos pero que en España y entre los militantes existen compañeros y compañeras suficientemente capacitados para ocupar los primeros puestos de las listas electorales, sin renunciar en ocasiones puntuales al advenimiento de personas independientes con contrastado comportamiento social. Unos militantes que, como fuerzas progresistas que se consideran, fundamentan su acción política en la ambición de cambiar la situación general de la producción, transformando las condiciones de trabajo y sustrayendo del beneficio capitalista la salud de las personas, su marco de vida, educación y cultura. Unos militantes que consideran que el discurso de que el Estado del Bienestar no es sostenible contradice de lleno la práctica de privatizar sus servicios esenciales porque si estos fueran ruinosos, nadie los compraría. Unos militantes que consideran que hay que terminar con la idea de que la política es un coto cerrado, donde no entran más que los que son llamados y está desconectada de la sociedad. Unos militantes que piensan que la ciudadanía no es un derecho adquirido donde descansar sino una permanente exigencia de militancia; sólo hay democracia donde se lucha por la democracia. Unos militantes que aspiran a suprimir la influencia corruptora del dinero en un Estado que no renuncie a procurar el bienestar de la mayoría, así como una fiscalidad vigilante y progresiva. Unos militantes que desean que su partido, sus dirigentes, no se limiten a formalizar una propuesta voluntarista de gestión, en “oposición útil” a la derecha, a la que le estorban las ideas de izquierdas, maniatado por los burócratas pragmáticos que creen que el socialismo es poco más que la filantropía y, por tanto, opuesto a la racionalidad de los mercados. Unos militantes que esperan que su partido, recordando sus orígenes, se oponga de manera expeditiva a la ideologizada política de la derecha, cuyos resultados están a la vista: recesión, paro, exclusión social y el futuro comprometido para varias décadas; y todo ello sin resolver la crisis. Unos militantes que exigen a sus dirigentes que no piensen tanto en políticas concretas que vayan a realizar cuando gobiernen, sino en cómo modificar las relaciones de poder que han permitido que la situación actual sea tan injusta. Unos militantes  que no quieren que su partido pase de ser un proyecto transformador de la sociedad a un ente de gestión dispuesto a convertirse en “partido de gobierno” mediante la esterilización de los planteamientos ideológicos para abrazarse a una indiferenciada gestión tecnocrática. Unos militantes que demandan que su partido se vea imbuido del significado de ser progresista: Ser capaz de pensar en los otros y en el futuro. Y algunas más.