Son muchas las organizaciones políticas en España
en las que las decisiones, de cualquier índole, se toman desde los órganos
nombrados al efecto y, generalmente, los miembros de estos órganos han sido
seleccionados por poseer unas características determinadas de agradecimiento y
sometimiento expreso a los que los nombraban, que frecuentemente también
ostentaban puestos importantes en esos
órganos de representación.
Unos pocos grupos políticos utilizan unos sistemas
más representativos para la conformación de la voluntad orgánica, pero en
algunas ocasiones tienen la tentación de anular esas vías de democracia interna
en aras a una más rápida toma de decisiones y, sobre todo, a unas decisiones
tomadas considerando sólo unas pocas opiniones. Estas formaciones suelen estar
ubicadas a la izquierda del espectro ideológico del país, aunque ocasionalmente
confunden sus intereses con los del mercado entrando en una paranoia entre
ideología y posibilismo. Contra esa posibilidad de retroceso ideológico de
algún partido de izquierdas los militantes reclaman una mayor profundización en
las condiciones de democracia interna que consiga que la voz de la militancia
sea escuchada y que se apliquen las políticas, en caso de gobernar, que los
militantes en su mayoría propugnen. Unos militantes maduros, inteligentes y
formados profesional y socialmente. Unos militantes que demandan que sean los
méritos de cada uno de ellos en su trabajo en sus respectivas organizaciones
locales los que determinen que sus compañeros y compañeras les propongan para
figurar en las listas electorales del partido (listas abiertas), en sus órganos
regionales y en último caso en los Federales. Unos militantes que reclaman que
los derechos que como ciudadanos civiles les corresponden por el simple hecho
de ser españoles les sean respetados en su organización. Unos militantes que
demandan las dobles vueltas en las votaciones para elegir compañeros/as que
ocupen los puestos de mayor representación del partido. Unos compañeros que
piensan que los modelos políticos de otros países pueden serle útiles a ellos
pero que en España y entre los militantes existen compañeros y compañeras
suficientemente capacitados para ocupar los primeros puestos de las listas
electorales, sin renunciar en ocasiones puntuales al advenimiento de personas
independientes con contrastado comportamiento social. Unos militantes que, como
fuerzas progresistas que se consideran, fundamentan su acción política en la
ambición de cambiar la situación general de la producción, transformando las
condiciones de trabajo y sustrayendo del beneficio capitalista la salud de las
personas, su marco de vida, educación y cultura. Unos militantes que consideran
que el discurso de que el Estado del Bienestar no es sostenible contradice de
lleno la práctica de privatizar sus servicios esenciales porque si estos fueran
ruinosos, nadie los compraría. Unos militantes que consideran que hay que
terminar con la idea de que la política es un coto cerrado, donde no entran más
que los que son llamados y está desconectada de la sociedad. Unos militantes
que piensan que la ciudadanía no es un derecho adquirido donde descansar sino
una permanente exigencia de militancia; sólo hay democracia donde se lucha por
la democracia. Unos militantes que aspiran a suprimir la influencia corruptora del
dinero en un Estado que no renuncie a procurar el bienestar de la mayoría, así
como una fiscalidad vigilante y progresiva. Unos militantes que desean que su
partido, sus dirigentes, no se limiten a formalizar una propuesta voluntarista
de gestión, en “oposición útil” a la derecha, a la que le estorban las ideas de
izquierdas, maniatado por los burócratas pragmáticos que creen que el
socialismo es poco más que la filantropía y, por tanto, opuesto a la
racionalidad de los mercados. Unos militantes que esperan que su partido,
recordando sus orígenes, se oponga de manera expeditiva a la ideologizada
política de la derecha, cuyos resultados están a la vista: recesión, paro,
exclusión social y el futuro comprometido para varias décadas; y todo ello sin
resolver la crisis. Unos militantes que exigen a sus dirigentes que no piensen
tanto en políticas concretas que vayan a realizar cuando gobiernen, sino en
cómo modificar las relaciones de poder que han permitido que la situación
actual sea tan injusta. Unos militantes
que no quieren que su partido pase de ser un proyecto transformador de
la sociedad a un ente de gestión dispuesto a convertirse en “partido de
gobierno” mediante la esterilización de los planteamientos ideológicos para
abrazarse a una indiferenciada gestión tecnocrática. Unos militantes que
demandan que su partido se vea imbuido del significado de ser progresista: Ser
capaz de pensar en los otros y en el futuro. Y algunas más.
