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lunes, 2 de noviembre de 2015

La imprescindible Transición Española de 2015 para terminar con la Corrupción



En el año 1975, tras la muerte de Franco, España se debatió ante el cambio de Régimen Político entre la ruptura con todo lo que había significado la anterior dictadura de los militares (si bien es cierto que esta posición sólo fue defendida por el PC que entonces representaba Santiago Carrillo) y la reforma posible del existente, con creación de una democracia con Parlamento Representativo a través de elecciones libres y democráticas (postura abalada por el resto de partidos políticos). Triunfo la idea de la aplicación de la Reforma Posible y en estos momentos percibimos con mediana claridad lo que aquello significo para la vida actual de los españoles.
La Transición significo dos cosas, la instalación de las libertades políticas, pero también la consolidación de un régimen bipartidista, opaco en sus trasfondos económicos,  oligárquico en su manifestación institucional y corporativo en lo político. Es decir, la consolidación de un estatus que invalidaba o impedía el desarrollo consecuente de las libertades a otros ámbitos y esferas indisolublemente ligados  a las mismas: la transparencia, el control democrático, la justicia social y la modernidad en definitiva. Cuando, en el año 1979, el PSOE abandona el marxismo, no es tanto por el matiz filosófico de la cuestión, sino por convertir al partido en un sucedáneo del Partido Demócrata de los EE UU en España. Tras la caída del muro de Berlín, la socialdemocracia quedo como único referente de la izquierda ante el capitalismo, por ello la socialdemocracia tenía una tarea tremenda: ser un referente  de anticapitalismo, no en el sentido negativo de antes, sino con otra política. Y ha fracasado.   
En este devenir hasta el presente en España han gobernado partidos como la UCD, de aparente centrismo político, el PSOE (durante 14 años, en una primera etapa y otros 8 años posteriormente) y el PP, difícil de encuadrar incluso en la derecha Europea (8 años en la etapa de gobierno de Aznar, y 4 bajo la presidencia de Mariano Rajoy)  y España ha pasado de ser la octava potencia económica a un país que, según los técnicos, está endeudado en tres veces su PIB, a estar sometida a la tutela de la Troika Europea mediante el rescate financiero para tapar el enorme agujero económico proporcionado por la banca.
Están convocadas elecciones generales para el 20 de diciembre de 2015 y en ellas el pueblo español se juega una segunda posibilidad, quizá la última, de hacer del país un lugar donde residir todos sus habitantes con trabajos dignos y convenientemente remunerados, que permitan a los trabajadores vivir de sus trabajos, terminando con la enorme grieta de diferente situación económica entre ciudadanos de un mismo país que estos gobiernos anteriormente referidos han permitido. Un país que mediante la inversión, pública y privada, impida que sus mejores talentos, formados en nuestras universidades y escuelas públicas, tengan que huir a otros países de Europa, para poder trabajar, en la mayoría de los casos desperdiciando su saber y conocimientos. Una nación que proteja a sus seres más necesitados, mediante la aplicación de las leyes de ayuda a los dependientes, mediante la creación de miles de puestos de trabajo para poder desarrollar esta misión. Un país que legisle adecuadamente para controlar a la banca privada, terminando con los disparatados privilegios de los consejeros bancarios, por cierto posible de hacerse en la actualidad con la simple aplicación de un artículo de la actual Constitución (el 128, quiero recordar) que permite regular las actividades privadas siempre que sea para beneficio del Estado. Un sitio en donde la justicia sea igual para todos (pero de verdad, no como ahora que sólo sirve para que algún espabilado lo mencione, haciendo reír al resto de comparecientes), acabando con la prebenda de la separación de la justicia civil de la militar. Donde las congregaciones religiosas paguen sus impuestos como el resto de vecinos y donde se restituyan los bienes legal pero arteramente expropiados a la totalidad de los ciudadanos; donde los más ricos paguen en relación progresiva con sus bienes; donde se dote al Ministerio de Hacienda (a sus funcionarios) de los medios humanos y materiales necesarios para terminar con una de las más importantes lacras de esta democracia: El fraude fiscal. Donde las empresas públicas de servicios, privatizadas de manera indiscriminada por todos los gobiernos que han sido, puedan ser revertidas a propiedad pública cuando no sean capaces de satisfacer las necesidades de los vecinos más necesitados. Un país que audite la deuda pública para determinar si existe deuda factible de ser considerada impropia e ilegítima y se obtengan quitas de esa deuda indebidamente adquirida. Una sociedad que modifique el código penal y la ley electoral; el CP para endurecer las penas por los delitos cometidos por políticos en el ejercicio de su cargo, sin redención de pena y con el agravante de doble aplicación de la sanción legislada para estos individuos, con la obligación de devolver lo robado o apropiado indebidamente, sin que esto signifique reducción de la condena sino incremento en caso contrario; la Ley Electoral para que cada voto valga igual independientemente de la circunscripción en que se emita y asegurando que la mayoría absoluta no la obtendrá ningún partido que no obtenga, al menos, la mitad más uno de los votos posibles (conjunto de posibles electores), no de los votos emitidos, creando normas insoslayables para que nadie pueda enajenar bienes públicos en ningún orden de la administración pública (Local, autonómica o nacional), sin que se exija la celebración de un Referéndum entre todos los españoles afectados para permitir esa venta. 
Todos los españoles medianamente informados saben perfectamente que en estas elecciones nos jugamos el que los ciudadanos seamos parte importante del posible cambio, siempre y cuando pensemos en qué tipo de país queremos dejar a nuestros hijos y nietos; es posible que tengamos que realizar algún pequeño esfuerzo personal pero, sin duda, que compensará por el resultado obtenido. Sólo queda pensar individualmente que partido o formación política sería capaz de llevar estos deseos a convertirlas en realidad y votar por él

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