NAVIDADES DEL 2015 ¿ENFERMO? ¡¡NO, CON UNA
BELLÍSIMA EXPERIENCIA ESPIRITUAL!!
Todo comenzó el lunes, 21 de diciembre de 2015;
primer aviso. Mi esposa había tomado unos días de vacaciones que le
correspondían en su trabajo y estábamos volviendo del paseo matinal con nuestro
perrito. Habíamos hecho un camino distinto de ida y el retorno era por un lugar
diferente, pero habitual en estos paseos. Por tanto todo se correspondía con la
realidad. De repente y sin previo aviso, le comunique a mi mujer que tenía la
extraña sensación de que hoy, en ese momento, yo ya había pasado por ese mismo
lugar, cosa que por otro lado razonaba imposible. Estaba desubicado pero
consciente de que era materialmente imposible. Lo que pensé que estaba pasando
es que por motivos del régimen que estábamos haciendo y de la rápida pérdida de
kilos, al continuar con la medicación habitual que tomaba para controlar la
tensión arterial, el sistema eléctrico de mi cerebro me había hecho una mala
pasada. Regresamos a casa y de momento desaparecieron esos síntomas.
Segundo aviso: Fue tres días después, el jueves 24
de diciembre, Nochebuena, cuando durante idéntico paseo matinal me repitió
aquella sensación, esta vez con un tipo de mareo especial que no había sentido
hasta ese momento. A la vista de que los síntomas se complicaban decidimos de
mutuo acuerdo acudir a los servicios de urgencias del Hospital General
Universitario “Gregorio Marañón”, de Madrid; tomamos una gran decisión en el
momento más oportuno; cuando llegamos al hospital mi confusión mental había
aumentado y en mi circulación por el sanatorio se me aparecían movimientos de
los objetos que sabía perfectamente que no eran reales pero de los que yo mismo
tenía que poner referencias físicas porque algo en mi cabeza me decía que estaban
sucediendo.
Inmediatamente a nuestra llegada nos habilitaron
una habitación en el departamento de Medicina Interna y Traumatología, por no
disponer de camas en la zona de Neuro, que hubiese sido a la que debería haber
sido destinado.
Me hicieron un escáner cerebral que determino que
existía una pequeña mancha entre los lóbulos frontales de mi cerebro que exigía
otro escáner, pero este con un tipo de contraste que pudiese determinar la
gravedad y urgencia de la situación. Favorablemente esta última prueba determino
que, existiendo esa marca, no existía gravedad ni urgencia para dar solución
inmediata. Comenzaron aplicándome un tratamiento para paliar lo que en
principio podía ser la presencia de un virus, que me produjo resultados favorables
inmediatos; no obstante me programaron una resonancia magnética y una punción
lumbar para determinar con mayor precisión el problema.
Fue cuando me dirigía a realizar esa resonancia
magnética cuando viví esa maravillosa experiencia espiritual: Según yo lo viví,
estábamos mi mujer y yo en una sala, frente a nuestros pechos teníamos, ambos,
unas placas con luces que parecían querían extraernos esos cuerpos extraños
(sólo a mí, porque mi mujer estaba a nivel de Hada Madrina); de repente vi que
del pecho de mi mujer salía un haz de luz de muy bellos colores que iba
formando delante de ella una bola que yo identifique de energía positiva; sin
interrupción me comenzó a pasar a mi lo mismo, delante de mi pecho se formó una
masa energética semejante; la energía de mi mujer vino al encuentro de la que
había emanado de mí y juntas me entraron en mi pecho proporcionándome una
sensación jamás antes sentida. Fue como si alguien tirase de mi mano, de todo
mi yo, para arrancarme de aquella situación de confusión y dudas; luego me
explico mi mujer lo que había sentido en ese momento y todo cobro un carácter
definitivo: Hace años, tuvimos la muy sentida pérdida de los padres de mi
esposa; nos marcó con una profunda huella de la que tardamos en recuperarnos;
mi mujer y yo mismo teníamos la impresión de que ya habíamos pagado un alto
tributo como seres humanos y ella se reveló en el momento de mi indisposición
contra quien pudiese querer volver a hacernos sufrir. La energía cósmica o lo
que quiera que sea escucho sus demandas y facilito la solución. Supongo que
esta demanda tendría un nivel de intensidad difícilmente imaginable. Para mí
fue una experiencia espiritual maravillosa.
La posterior punción lumbar y la resonancia
magnética determinaron que se había producido un pliegue en la circulación
eléctrica de mi cerebro que afectaron a los nervios epilépticos (yo siempre
había pensado en la epilepsia como con otros síntomas; parece que existen
múltiples formas de afección) y por esos me imaginaba situaciones que en la
realidad no ocurrían.
Los resultados de todas las pruebas de la punción
lumbar no serán definitivos hasta el lunes próximo, 11 de enero, por lo que
tendré que acudir a la cita prevista con los doctores del Marañón.
Durante nuestra estancia en el Sanatorio comprobé
la altísima calidad profesional y humana de nuestro personal sanitario; a pesar
de que tienen los salarios congelados, que los días que hacen jornadas
extraordinarias no van a poder recuperarlos paulatinamente hasta el año 2018,
su comportamiento con los enfermos es ejemplar, no dejan traslucir nada de sus
problemas personales y sólo hablando cordialmente con ellos y ellas te
transmiten sus dificultades para poder tratar a los enfermos aún mejor.
¡¡Impresionante!!
Ese momento de la consulta lo aprovechare para
volver a dar un fuerte abrazo a todos los que en ese momento estén trabajando
en las habitaciones por las que pase un buen día.
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