Visitas

martes, 24 de agosto de 2010

Complejo de Napoleón

Parece que es una constante en la política española; cualquier mandatario de las distintas formaciones políticas, de las diferentes instancias de la Administración, ya sea local, regional o nacional, que repita un segundo mandato consecutivo en el cargo político padece del síndrome de Napoleón. Esta afección se caracteriza por unos acusados síntomas de pensar que cualquier decisión que tome será acertada, que nadie puede contradecir los deseos del afectado, que el poder que supuestamente emana del pueblo lo representa el personaje con mucho mayor mérito, que las opiniones de los demás sólo pretenden socavar su autoridad y debilitar el poder en sus manos, y un montón de cuestiones similares.
Esta afección tiene la consideración de grave cuando el afectado tiene un planteamiento político y humano personalista, particularista, insolidario y antifraternal; ahora bien cuando al “enfermito” se le supone (mucho peor cuando las ha expuesto públicamente) una condición social solidaria con los más débiles, socialmente progresista, permeable a los cambios y a las nuevas ideas, tolerante y cordial con el contrincante, justo con los que han sufrido por defender los derechos humanos; entonces la enfermedad adquiere la condición de crisis gravísima, afectando profundamente a la parte más vulnerable del ser humano, la credibilidad.
Dentro de la dinámica del desarrollo de esta enfermedad existen diferentes fases, una de ellas será en la que el afectado pretenda eliminar todos los procedimientos que existieran en la organización que dirija, que pongan en cuestión que las decisiones que deban tomar órganos de la organización serán sustituidas por las suyas propias, que representan mejor los intereses del sistema, según su forma de ver las cosas. Por ello, no dudará en contradecir una anterior decisión propia, que obligó a la organización y a sus miembros a esfuerzos organizativos y personales, con otra diferente que anulará y despreciará el gasto anteriormente realizado, so pretexto de que es la mejor decisión, por que él lo dice. Para terminar de razonar este entuerto, se explicarán los muchos méritos que acumulan los nuevos propuestos, ignorando decisiones anteriores de los interesados que no pueden quedar como ejemplo de buena gestión precisamente, habiendo ocasionado gastos enormemente considerables a las arcas públicas.
La importancia de esta enfermedad no es tanto que existan entes capaces de ser afectados por ella, sino que inmediatamente aparecen los coros y danzas de la zona que jalean y aplauden la decisión del afectado, tratando de asegurarse su prometedor futuro político a través de la adulación al “enfermito”. No obstante, el mayor daño de esta afección no lo es tanto para el que la padece sino para el sistema organizativo en que se desarrolla esta crisis; como consecuencia del padecimiento de esta enfermedad se han tomado otras medidas mediante el mismo planteamiento filosófico dolientes, es decir, se han adoptado medidas que contradicen los supuestos planteamientos sociales enunciados con anterioridad, dañando gravemente a organismos que convivían en un entorno semejante, con las lógicas consecuencias para estos del repudio de cualquier cuestión posterior que proceda de dicho enfermo. Consecuentemente, cualquier propuesta realizada por el citado paciente será analizada muy críticamente por los organismos relacionados, por lo que tendrá serias dificultades de prosperar, por muchos méritos que les acompañen.
En estas circunstancias, las consecuencias más lógicas para la organización serán que tendrá que padecer la enfermedad del paciente como consecuencia de su elección para representarles hasta la finalización de su mandato, teniendo que asumir que los efectos que la enfermedad va a causar en la organización pueden ser devastadores; si la experiencia sirve para modificar los comportamientos de los futuros elegidos la organización saldrá ganando, ahora bien si se vuelve a cometer el mismo error, es posible que haya que refundar a la formación, según las ideas de sus padres fundadores.
Es deprimente constatar que en España, país que después de finalizar la dictadura franquista se encontraba a la cola del gasto social de Europa, junto con Irlanda, Portugal y Grecia (otras dos que habían salido de sendas dictaduras); donde se invertía en gasto social menos del 50% del resto de países de Europa; que a pesar de que durante los gobiernos desde 1982 a 1993 se aumento el % de gasto en servicios sociales, nunca pudimos aproximarnos ni de lejos al gasto por habitante del resto de países de la UE (Unión de Empresarios), haciendo que esa diferencia en servicios sociales produjese lo que los eruditos denominan Déficit Social ; en la actualidad nos veamos condenados a elegir entre dos opciones de gobierno que se diferencian en competir sobre quien aumenta el déficit social más rápidamente.
Próximamente reforma del Estatuto de los Trabajadores, recortes al Derecho de Huelga y Negociación Colectiva.
Dice un dicho popular que si es inevitable que te den es preferible que lo haga un profesional. En esta cuestión no creo que existan dudas de quien sale ganando.

Funcionarios malvados

Como inicio de mi reflexión, tengo que decir que no soy funcionario. Me dedico a la economía como profesión y no estoy en situación de excedencia de ningún ministerio, pero me parece indigno lo que 'algunos', y lo digo en tono despectivo, están haciendo en contra de una profesión como la de funcionario, aprovechando la propaganda de ZP, para crear ese escenario necesario que le permita bajarlos el sueldo sin adhesiones populares, ni solidaridad. Una buena fórmula para no perder votos, que es lo que realmente le interesa.

Funcionario no se es por casualidad, como trabajador del Corte Inglés, de Philips, de Seat o de MoviStar. No. Trabajar en estas empresa, puede ser el resultado de una coincidencia o de una oportunidad. El trabajador funcionario, como los jueces, los médicos de la SS, Inspectores de Sanidad, de Hacienda, policías o bomberos, lo elije, espera a que se convoquen las plazas, las prepara en largas jornadas de estudios durante 2, 3, 4……o vaya vd. a saber cuantos años, y finalmente se enfrenta a unos exámenes duros, donde lo haya y en competencia con unos cuantos miles de candidatos. No es, por tanto, un trabajo casual. Es elegido y, por cierto, los españoles que quieran, ahí tienen las oposiciones. No es preciso envidiar a nadie, todos podemos ser funcionarios.

Esos que tanto gritan en contra de quienes mueven la administración, y a quienes debemos agradecer los progresos demostrados en los últimos años y el nivel de engrase en que la mantienen y consiguen que funcione, a pesar de algunos gobiernos, alcaldes, responsables de comunidades autónomas y políticos en general, no chillaban, hace unos años, cuando empresarios; pequeños, medianos y grandes, mantenían ingresos que se incrementaban hasta en un 20% cada año; estudios de arquitectos que no podían atender tantas peticiones como llegaban a sus despachos; vendedores de distintos sectores, que invertían en apartamentos en las playas; autónomos atentos a las bolsas, donde metían esos dineros extras que llegaban a sus cuentas, y todo gracias al momento económico que vivíamos. Un momento de alegrías de las que los funcionarios no han disfrutado, y que este Presidente del Gobierno se ha encargado de situar tan cerca del precipicio que es preciso rebajar el sueldo a unos trabajadores, como son los de la administración. Y todo, porque el responsable de proteger sus intereses, como empresario que es el Estado, se lo ha gastado en subvenciones, más o menos necesarias. Un Presidente que siendo candidato negó las necesidades que se avecinaban y no dudó en regalar aquellos 400 Euros, que le ayudaron a ganar unas elecciones y que, visto lo visto, se los estaba quitando al sagrado sueldo de unos cuantos miles de trabajadores contribuyentes. ¿Qué pasaría si lo hubiese hecho el Corte Inglés y no pudiera pagar a sus trabajadores? o ¿Sony?, o fuesen los empleados del Banco Santander los que tuvieran que aceptar, como trágala, un descenso de los sueldos.

Recordemos que mientras la economía se mantuvo en aquellos niveles que tuvimos y que ahora han dilapidado, para los funcionarios, no hubo incrementos del 10%, ni del 7, ni siquiera de ese 5 de media, que ahora les quitan. Si hubo quien lo ganó, pero no los funcionarios. ¿Por qué alguno de esos que tanto jalean la medida no devuelven algo de lo mucho que han ganado? Se trata de solidaridad ¿no?. Pues eso afecta a todos.

Y lo dicho: si alguien quiere ser funcionario, por los altos sueldos que ganan, no tiene más que apuntarse y estudiar las oposiciones, pero, creo, que muchos de los chillones de ahora, no podrían aprobar jamás esos exámenes. Quizá esa es la cuestión