No hace demasiado tiempo cualquier persona con escasa preparación académica, que no había terminado sus estudios se podía poner a trabajar en el sector de la construcción para, realizando jornadas laborales por encima de la media, cobrar sueldos mensuales de 4.000,00€ o más, acarreando ladrillos y cemento en la obra de turno.
En ese momento estos trabajadores se reían de los funcionarios, echándoles en cara que para tener su trabajo, que les reportaba unos escasos 1.000,00€, habían realizado una duras oposiciones que les habían obligado a estudiar unos extensos programas durante un largo periodo de tiempo, a mas de tener que ostentar múltiples certificados que les avalaban como dignos aspirantes a presentarse a unas pruebas, por el mero hecho de acceder a un trabajo que, en aquel entonces, parecía ser para el resto de su vida laboral.
In illo tempore (en aquel tiempo, que dirían los latinos) los asalariados de la construcción podían permitirse comprar pisos, coches de alta gama, o vacaciones diversas para ellos y sus familias, convencidos de que esta situación podía durar mucho tiempo, o pensar incluso que no perderían nunca estos trabajos. Era frecuente escuchar, en conversaciones privadas, las quejas de los funcionarios cuando se referían a algún conocido, amigo o familiar, que en aquellos momentos disfrutaba con sus abundantes salarios y se los restregaba por la cara.
El enfrentamiento ente trabajadores estaba servido; quienes debían preocuparse de defender los derechos de los más favorecidos laboralmente para, reclamando la igualdad, obtener las mismas condiciones en el trabajo y luchar unidos para mejorar como igual clase social, repartiendo de manera más justa la riqueza que entre todos se generaba en el país, fomentaban la desunión y el desencuentro poco amistoso.
En este clima de clara diferenciación, aparece la crisis económica con crueles resultados para los más desfavorecidos; el crédito se congela, las obras se paran y millones de trabajadores al paro. La obra del teatro de la vida continúa según directrices de los que dirigen el mundo; la ocasión la pintan calva: hay que eliminar todas las trabas o controles para que quienes mandan puedan hacer lo que les parezca sin impedimento alguno; para ello lo mejor es comenzar a bajar las aspiraciones de la clase social más numerosa, la trabajadora; el referente de asalariado bien remunerado ya no es en este momento el de los ocupados en la construcción por la sencilla razón que están prácticamente todos en el paro; ahora hay que realizar una jugada de ajedrez que permita perpetrar las jugadas siguientes: eliminación de los derechos de los funcionarios, para así conseguir en el futuro prescindir de ellos, para que se eviten los controles “innecesarios”; para que se pueda argumentar que no se pueden realizar determinadas responsabilidades de la función pública, para evidentemente contratar servicios privados que son ¡¡más eficientes!!; para bajar las aspiraciones sociales de todos los trabajadores y hacer retroceder sus derechos a los existentes a principios del siglo XX; para, en definitiva, reducir las aspiraciones de la clase trabajadora en cualquier cuestión social, evitar que puedan dejar de pertenecer a esa clase por el lógico y honesto procedimiento del esfuerzo personal y, como conclusión, no sólo no tocar ningún derecho de las clases sociales más adineradas, sino que hay que conseguir que todo lo público susceptible de ser generador de un negocio, pasé a estar en manos de los amigos para que en el futuro puedan proporcionar un suculento retiro de la vida política. Existen autores, suficientemente documentados, que en esta obra de teatro ven un final que para muchos no es posible imaginar pero que puede ser uno de los posibles futuros si la ecuación de los acontecimientos no experimenta un brusco cambio de variables: Con una producción súper deprimida se necesita que exista un bloque de consumidores suficientes, pero no demasiados, que demanden lo poco que se produzca pero a precios que permitan que los productores continúen amasando su gran fortuna, para que esto ocurra la población mundial debe tener una ¿adecuada dimensión?, por lo que el número actual de habitantes del planeta es excesivo, es decir, en Román paladino, sobra gente.
Que cada cual saque sus propias conclusiones. Aunque ese es sólo uno de los numerosos y posibles futuros que nos esperan; para conseguir otro futuro más halagüeño para la clase trabajadora hay que esforzarse porque juntos se puede.
Para todos/as los españoles que tengan trabajo, estudiantes, estén desempleados, sean pensionistas o similares y que se sientan desilusionados con un sistema político que no les tiene en cuenta para nada y que cada día es menos solidario con los más desfavorecidos.
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domingo, 3 de marzo de 2013
¿Qué pretende el PP mediante el robo de los derechos sociales de los empleados públicos?
No hace demasiado tiempo cualquier persona con escasa preparación académica, que no había terminado sus estudios se podía poner a trabajar en el sector de la construcción para, realizando jornadas laborales por encima de la media, cobrar sueldos mensuales de 4.000,00€ o más, acarreando ladrillos y cemento en la obra de turno.
En ese momento estos trabajadores se reían de los funcionarios, echándoles en cara que para tener su trabajo, que les reportaba unos escasos 1.000,00€, habían realizado una duras oposiciones que les habían obligado a estudiar unos extensos programas durante un largo periodo de tiempo, a mas de tener que ostentar múltiples certificados que les avalaban como dignos aspirantes a presentarse a unas pruebas, por el mero hecho de acceder a un trabajo que, en aquel entonces, parecía ser para el resto de su vida laboral.
In illo tempore (en aquel tiempo, que dirían los latinos) los asalariados de la construcción podían permitirse comprar pisos, coches de alta gama, o vacaciones diversas para ellos y sus familias, convencidos de que esta situación podía durar mucho tiempo, o pensar incluso que no perderían nunca estos trabajos. Era frecuente escuchar, en conversaciones privadas, las quejas de los funcionarios cuando se referían a algún conocido, amigo o familiar, que en aquellos momentos disfrutaba con sus abundantes salarios y se los restregaba por la cara.
El enfrentamiento ente trabajadores estaba servido; quienes debían preocuparse de defender los derechos de los más favorecidos laboralmente para, reclamando la igualdad, obtener las mismas condiciones en el trabajo y luchar unidos para mejorar como igual clase social, repartiendo de manera más justa la riqueza que entre todos se generaba en el país, fomentaban la desunión y el desencuentro poco amistoso.
En este clima de clara diferenciación, aparece la crisis económica con crueles resultados para los más desfavorecidos; el crédito se congela, las obras se paran y millones de trabajadores al paro. La obra del teatro de la vida continúa según directrices de los que dirigen el mundo; la ocasión la pintan calva: hay que eliminar todas las trabas o controles para que quienes mandan puedan hacer lo que les parezca sin impedimento alguno; para ello lo mejor es comenzar a bajar las aspiraciones de la clase social más numerosa, la trabajadora; el referente de asalariado bien remunerado ya no es en este momento el de los ocupados en la construcción por la sencilla razón que están prácticamente todos en el paro; ahora hay que realizar una jugada de ajedrez que permita perpetrar las jugadas siguientes: eliminación de los derechos de los funcionarios, para así conseguir en el futuro prescindir de ellos, para que se eviten los controles “innecesarios”; para que se pueda argumentar que no se pueden realizar determinadas responsabilidades de la función pública, para evidentemente contratar servicios privados que son ¡¡más eficientes!!; para bajar las aspiraciones sociales de todos los trabajadores y hacer retroceder sus derechos a los existentes a principios del siglo XX; para, en definitiva, reducir las aspiraciones de la clase trabajadora en cualquier cuestión social, evitar que puedan dejar de pertenecer a esa clase por el lógico y honesto procedimiento del esfuerzo personal y, como conclusión, no sólo no tocar ningún derecho de las clases sociales más adineradas, sino que hay que conseguir que todo lo público susceptible de ser generador de un negocio, pasé a estar en manos de los amigos para que en el futuro puedan proporcionar un suculento retiro de la vida política. Existen autores, suficientemente documentados, que en esta obra de teatro ven un final que para muchos no es posible imaginar pero que puede ser uno de los posibles futuros si la ecuación de los acontecimientos no experimenta un brusco cambio de variables: Con una producción súper deprimida se necesita que exista un bloque de consumidores suficientes, pero no demasiados, que demanden lo poco que se produzca pero a precios que permitan que los productores continúen amasando su gran fortuna, para que esto ocurra la población mundial debe tener una ¿adecuada dimensión?, por lo que el número actual de habitantes del planeta es excesivo, es decir, en Román paladino, sobra gente.
Que cada cual saque sus propias conclusiones. Aunque ese es sólo uno de los numerosos y posibles futuros que nos esperan; para conseguir otro futuro más halagüeño para la clase trabajadora hay que esforzarse porque juntos se puede.
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